Editorial

El Pacífico del olvido, sin Dios y sin leyes

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La pataleta del joven presidente de Ecuador hace brillar la ausencia de los estados en el Pacífico colombo-ecuatoriano y aborda de manera inmadura el avance del narcotráfico

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Diario La República · El Pacífico del olvido, sin Dios y sin leyes

Son muchos los kilómetros que Colombia tiene de frontera en el océano Pacífico (1.300 kilómetros) y bastantes con la República del Ecuador (586 kilómetros), sin temor a equivocarse que es una de las zonas más descuidadas y más peligrosas en la actualidad.

Sucede que si el problema se ve desde Ecuador, el diagnóstico es el mismo, la frontera norte y su Pacífico son regiones problema por el crónico descuido de los gobernantes de turno de los dos países. No siempre fue así. Los grupos guerrilleros -antes de que se volvieran narcotraficantes- tenían un control tácito por los militares binacionales, casi siempre apoyados y asesorados por sus colegas estadounidenses afincados en la base militar de Manta, Ecuador.

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El problema creció cuando el expresidente Rafael Correa retiró a los militares estadounidenses de la zona, en tiempos del proceso de paz con las Farc; allí fue Troya y la salida de cocaína por el Pacífico y la frontera ecuatoriana se disparó. Es cierto que el vecino país no tenía esos problemas en los 80, 90 o comienzos de los años 2000, que se contagiaron cuando quitaron la base militar.

Hoy no solo el gran Pacífico es uno de los epicentros de los cárteles mexicanos y colombianos del narcotráfico, sino en donde prospera el atomizado negocio de las llamadas disidencias que han integrado los negocios del cultivo, transporte y gramaje de la coca. De Buenaventura en Colombia hasta Esmeraldas en Ecuador, los narcos forman un “país” del narcotráfico en donde pululan grandes traficantes globales que han convulsionado a Ecuador, un país ciertamente tranquilo que simplemente se contagió del gran problema que ha padecido Colombia desde los años 80.

El problema es que el actual presidente ecuatoriano tiene grandes problemas de gobernabilidad y desarrollo económico, pero está obnubilado por líderes como Trump y Bukele, sin tener la fuerza ni el liderazgo de ellos. Si realmente quisiera solucionar problemas para sus nacionales, solo tendría que sentarse a hablar con Petro y avanzar en proyectos conjuntos, pero no, quiere hacer un show tan torpe como ponerle aranceles a los productos que las empresas colombianas les venden y que son difíciles de sustituir.

La economía ecuatoriana es un poco más grande que la de una ciudad como Bogotá, y en los departamentos del Valle, Cauca y Nariño están estrechamente relacionadas desde hace siglos. Si hubiese en la región presidentes serios, podrían solucionar sus diferencias de seguridad en espacios como la Alianza del Pacífico, en donde solo se trataban asuntos económicos. Noboa solo hará que el contrabando de Colombia a su país aumente y que las cosas nacionales en su mercado suban de precio.

Algunos opositores a Petro en Colombia celebrarán que los ecuatorianos le pongan más impuestos al petróleo nacional que se transporta por el oleoducto amazónico, pero eso es un castigo temporal que no le hace mucho daño a Ecopetrol; el verdadero problema es ver cómo en pelea de presidentes ganan los bandidos y que poco a poco ese “país” del narcotráfico gana fuerza frente al descuido de Quito y Bogotá.

Si no se le pone cuidado a la gran república del narco que crece en el Pacífico colombo-ecuatoriano, solo falta que nazca un líder en esa región y reivindique su independencia, y puede suceder, no es Netflix.

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