El paquete legislativo no da espera

El Gobierno no puede perder un solo día en diseñar su paquete de reformas profundas a estudiar en el Congreso, de ese plan dependen los cuatro años

EditorialLR

Comienza una semana de gran expectativa política porque el próximo viernes se posesionan los congresistas que estarán al frente del Poder Legislativo desde este 20 de julio hasta la misma fecha de 2022. Serán cuatro años muy intensos y decisivos en los que los representantes y senadores deberán transformar socialmente al país; enfrentar la corrupción sin cuartel; regresar a la economía por la senda del crecimiento sostenido; trabajar de manera ardua en el sector agrario, entre otras tareas, pero, sobre todo, alejarse de los delitos y pecados frecuentes o tradicionales de la clase política colombiana.

El Congreso de la República no se ha renovado en la cantidad de protagonistas que las nuevas generaciones lo demandan, ni mucho menos en sus cualidades; pero ahora, hay personas jóvenes bien preparadas sobre las cuales gravita el pasado, el presente y el futuro del país, y no pueden ser inferiores a los retos que les impone la democracia. Las comisiones de trabajo del Senado y la Cámara de Representantes se han venido conformando a través de docenas de reuniones de directorios políticos, de las cuales saldrán los cuadros directivos sobre quienes descansará la batería de reformas legislativas que los partidos mayoritarios van a estudiar y que deben beneficiar al país social y económico.

Está claro que el Ejecutivo, en manos del presidente Iván Duque, gozó durante las pasadas elecciones de una gran coalición que debe verse reflejada en los cuadros en el Congreso, y de lo que no hay mayores dudas sobre el rumbo de sus iniciativas legislativas de carácter gubernamental. La llamada “aplanadora del Gobierno”, en todas las comisiones, debe ser una constante a la luz de los resultados electorales; una fuerza política sin precedentes recientes sobre la cual deben descansar las propuestas de transformación del nuevo Mandatario.

Si bien el nombramiento de los ministros ha sido tardío e innecesariamente a cuenta gotas, es oportuno empezar a trabajar en los diferentes proyectos de ley de beneficio económico que no dan espera, como la necesaria reforma pensional que oxigene el sector y aligere las arcas estatales; una reforma tributaria estructural en serio, que alivie la carga impositiva de las empresas y de las personas empleadas en el sector formal, que persiga la evasión, amplíe la base tributaria, y que, por fin, haga un proyecto de ley tributario que independice los impuestos del estatuto tributario. La tarea que se viene es enorme en lo fiscal, pues la regla es un compromiso con la banca multilateral y las firmas calificadoras de riesgo, entidades e instituciones que siempre tienen una lupa puesta en el comportamiento fiscal del Ejecutivo de turno.

Aún la economía del país está en la categoría de inversión y las notas le permiten gozar de ese grado, pero si los gastos siguen siendo mayores que los ingresos, el esquema económico no resistirá en el tiempo, sumado a la lluvia de compromisos de inversión y de gasto social. Duque prometió en campaña mucho ahorro y eliminar la pesada carga burocrática estatal, palabras que no serán nada fácil de cumplir si no sincroniza las entidades adscritas al Ejecutivo con los ministerios. Todo ese andamiaje creado por los anteriores gobiernos para atender asuntos puntuales debe empezar a desmotarse para empezar a ver ahorros. El paquete legislativo no da espera y para ello los ministros deben estar al partidor.

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