Editorial

El problema del empleo no es un simple porcentaje

Gráfico LR

La generación del empleo formal debe superar el simple dato en porcentajes del Dane, el punto es medir la informalidad, y la participación del sector privado en empleos de calidad

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Diario La República · El problema del empleo no es un simple porcentaje

Las noticias sobre la empleabilidad en Colombia son contundentes: el desempleo cayó a 9,2% el pasado febrero, el dato más bajo para este mes desde 2001, con 24 millones de personas ocupadas y 2,4 millones que están buscando empleo, es decir 252.000 menos que en 2025; los sectores que más generaron empleo fueron las actividades profesionales, científicas y técnicas, con 250.000 nuevos puestos, y el sector público -administración, educación y salud-, con 244.000. Por el otro lado, la agricultura perdió 363.000 trabajadores y el transporte, 86.000 frente a febrero de 2025.
Quibdó sigue siendo la capital con más desempleo, al alcanzar 26,3%, seguida por Riohacha con 14,3% y Cartagena, 14,2%. Las ciudades que mejores registros tienen son Villavicencio, con 8,0%; Neiva, 8,1%, y Bogotá, 8,2%.

Lo peor que puede hacer el país económico es entrar en disputas con el dato del Dane; es tan torpe como pelear con la báscula que pesa a alguien que quiere bajar de peso o con el termómetro para quien quiere bajar su fiebre. El Dane es una entidad proba a los ojos de la Ocde y es torpe responsabilizar a la entidad de que el Gobierno Nacional esté entregando contratos a nuevos funcionarios públicos y reclutando contratistas a dos manos para la época electoral.

Pero lo peor es no darse cuenta de que, además del ejército de funcionarios, las empresas no están dando trabajo formal como consecuencia del alto incremento del salario mínimo y de las nulas políticas públicas de reactivación de la economía, que, dicho sea de paso, es de recordar que este Gobierno nunca impulsó la presencia del sector productivo en ninguna actividad.

No hay que dejar de insistir en que son las cajas de compensación las entidades encargadas de informar sobre la evolución de la informalidad, pues son ellas las que tienen los datos de aportes parafiscales mes a mes y pueden dar cuenta de cómo es el ritmo del empleo con todas las prestaciones en el país; un flaco favor a la economía se hace cuando nadie sabe a ciencia cierta cuánta es la informalidad en Colombia: el Dane aporta un dato desactualizado y poco riguroso, mientras las cajas de compensación saben exactamente el número de empleados formales, el pago de impuestos en cada empresa y la evolución cada mes.

El verdadero enemigo de la economía es la informalidad: esas personas autónomas que no aportan a la seguridad social y las empresas que evaden o eluden sus obligaciones. El dato del desempleo o la empleabilidad en Colombia siempre ha sido polémico, solo que en este momento sí hay un Gobierno jugándosela por aumentar los contratistas, sin importar si ese trabajo público durará en el tiempo o si habrá impuestos para poderles pagar la nómina.

Ahora que se está en medio de una contienda electoral, sería de enorme beneficio que los candidatos empiecen a hacer propuestas serias para hacer del mercado laboral colombiano un escenario de pura y dura formalidad; sin importar cuál sea la actividad a la que se dedique una persona, es fundamental que haya una cultura de ahorro pensional, de pago parafiscal y, por supuesto, de contribución al Estado. Si Colombia quiere avanzar con pie derecho al desarrollo, debe ser mucho más formal y, para ello, debe incentivar a los generadores de empleo.

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