El reto del medir mejor la empleabilidad
viernes, 1 de mayo de 2026
Cualitativamente casi todos los colombianos tienen un cercano sin empleo formal, pero cuantitativamente el desempleo sigue cayendo, ciertamente inexplicable en la coyuntura
Editorial
Según las cuentas del Dane, el desempleo en Colombia sigue cayendo de manera histórica, pero la percepción de la opinión pública es distinta. Los datos del mercado laboral para marzo arrojan que la tasa de desocupación fue de 8,8%, es decir que se registraron 2,34 millones de personas desempleadas. La tasa global de participación se ubicó en 65,0% y la tasa de ocupación en 59,3%, hace un año estas tasas fueron 64,7% y 58,5%, respectivamente.
En el trimestre enero-marzo, del año en curso, la tasa de desocupación fue 9,6%, lo que representó una disminución de 0,9 puntos porcentuales respecto al trimestre enero-marzo de 2025 (10,5%). Los sectores o ramas que más están aportando empleos son la administración pública, defensa, educación y salud (1,6 puntos porcentuales); el sigue actividades financieras (1,0 puntos porcentuales) y los servicios públicos que agrupa electricidad, gas, agua y gestión de desechos (0,5 puntos porcentuales). Los independientes, autónomos o “cuenta propista”, como obreros y empleados particulares, fueron los que más aportaron a la variación de ocupados con 1,9 y 1,5 puntos porcentuales, respectivamente.
Con contundencia se puede decir que quienes tiran de la generación de empleo son los funcionarios públicos (léase Estado) y los independientes, dejando muy atrás al empleo que genera el sector productivo que claramente está golpeada por los impuestos, el alza salarial, el poco crecimiento y la inseguridad reinante en varias regiones del país. Hay factores que no se están midiendo y que son perentorios actualizar, como es el cambio poblacional del país, la verdadera población económicamente activa, las migraciones y la precisión en conceptos regionales que varían de ciudad en ciudad, como el desempleo temporal o friccional (los cosecheros), el estructural (profesionales sin trabajo), cíclico (bajo crecimiento económico) y estacional (el turismo y empleados de temporada).
No hay mucho dato académico sobre qué pasó con el empleo desde la pandemia para acá -atravesando el primer gobierno de izquierda- periodo en el que se generó más trabajo público que el tradicional. Elementos que reflejan diferentes causas -máxime en un país de regiones- desde donde se ven otras realidades como las transiciones laborales, las crisis profundas (caso Chocó y Riohacha) o cambios tecnológicos, el advenimiento de la inteligencia artificial o la robotización.
Es fundamental que el país de la estadística aporte mejores realidades para poder diseñar mejor las políticas públicas de cara a 2030; para nadie es un secreto que la pirámide poblacional ha reforzado su inversión -más viejos cada día, menos jóvenes-, que la diáspora de jóvenes en edad de trabajar se ha acentuado y que las nuevas tecnologías hacen más eficientes a las empresas. Medir el desempleo o la empleabilidad en Colombia debe actualizarse y proyectarse, mucho más detallar la informalidad, tema sobre el cual no hay mucho detalle por sectores, ni ciudades.
Todas las personas en determinada edad quieren encontrar, mantener y mejorar un empleo de calidad, más adaptado a sus competencias, experiencia, conocimientos y actitudes, pero el mercado laboral está cambiando y las oportunidades ahora no solo son locales sino globales, factores que poco a poco cambian el verdadero panorama laboral nacional.