El reto no es prohibir, el deber es usar
lunes, 28 de septiembre de 2026
Hace poco más de un año, experimentamos en hacer toda una edición impresa con IA y esperamos a que herramientas y personas fueran madurando, aquí ahora, un experimento mucho más reposado en una edición híbrida
Editorial
Hace pocas semanas se estrenó en Netflix un documental sobre el impacto de la inteligencia artificial en la sociedad. Se trata de ‘El doc de la IA: O cómo me convertí en apocaloptimista’, que parte de la premisa de un futuro padre que investiga el impacto de la IA mientras anticipa el nacimiento de su hijo.
Los directores, Daniel Roher y Charlie Tyrell, imponen el concepto de “apocaloptimism” (apocaloptimismo), el cual contrasta los miedos sobre el fin de la humanidad con las promesas de un futuro mejor impulsado por la tecnología. Entre las fuentes del documental se incluyen a Sam Altman, Yuval Noah Harari, Tristan Harris, Timnit Gebru y Eliezer Yudkowsky; además, se mencionan las voces y posturas de Elon Musk y Mark Zuckerberg, protagonistas y constructores de esta historia, quienes se negaron a participar. Desde hace dos o tres años, el tema de la inteligencia artificial ha ganado más espacio en los debates de siempre entre apocalípticos e integrados.
Estas dos corrientes, como una suerte de yin y yang, se aferran a sus posiciones divergentes sobre asuntos de crecimiento social. No es un sueño irreal ni novedoso plantear el futuro de los generadores y creadores de contenido híbrido. Esto ya sucedió cuando los libros y las bibliotecas determinaron la creación intelectual globalizada, y también cuando los buscadores de páginas web incursionaron en los colegios, las universidades y los medios de comunicación.
En esos momentos, solo hubo que perfeccionar los derechos de autor y determinar qué hace parte de la creación de las personas y qué porcentaje de la producción académica, informativa o de entretenimiento es de los agentes de inteligencia artificial. Es decir, asistimos al desembarco de modelos híbridos que van a determinar el futuro. Cosas tan simples como las revisiones ortográficas y sintácticas serán asunto de viejas épocas. No solo se mejoran o perfeccionan con la revisión de un agente IA, sino que el rigor en los conceptos, las cifras y los contrastes se elevan a otro nivel.
Por tanto, el papel de los creadores y generadores de contenidos (además de los viejos editores) no es prohibir, sino alimentar estas herramientas para usarlas y avanzar hacia inteligencias artificiales generativas. Estas deben ayudar a las audiencias a estar un paso adelante en el alimento básico de las nuevas generaciones, que seguirá siendo la información. Para Elon Musk, la IA superará la suma de toda la inteligencia humana en un plazo aproximado de cinco años.
Esta sentencia tiene a muchos intelectuales nerviosos y a algunos oficios amenazados. Claramente, es una realidad que ya está aquí y a la cual hay que saberse adecuar, porque tiene un desafío inherente: mantener el control humano sobre sistemas tan poderosos. Sin embargo, hay cosas que las tecnologías, por ahora, no pueden imitar, como el estilo de cada persona, la curiosidad y el análisis humano de las circunstancias. Estos son pilares fundamentales para hablar de contenidos híbridos: esos que se elaboran desde la óptica humana, pero mejorados con las posibilidades de la IA.
En esta nueva era, cargada de informaciones elaboradas a cuatro manos (editor e IA), se enfrenta la tarea de comparar el antes y el después, pero, sobre todo, de retar a los creadores de contenido a enfrentar y mirar a los ojos a las herramientas que están desplazando muchos oficios.