El tema de las vallas no es un asunto menor

El uso del espacio público para las vallas publicitarias debe reglamentarse en función del interés general

El uso del espacio público para las vallas publicitarias debe reglamentarse en función del interés general

La contaminación ambiental no es un asunto exclusivo de los predadores del ambiente natural. Existe también, lejos de nuestra normatividad colombiana, otros tipos de destrucción del entorno que tiene que ver con aspectos de vital importancia para la sociedad como los ruidos, los olores, y por supuesto, con el aspecto visual. Y las reglas frente a estas situaciones tiene mucho rezago frente a las de otros países que puede ocasionar el eterno reinado del credo popular que reza: ‘todo lo legal no es ético’, y terminen ganando los intereses comerciales que se benefician de esas grietas que dejan las leyes.

Un vecindario bien organizado da una lucha sin cuartel en contra de los vecinos ruidosos; una junta de acción comunal pelea hasta las últimas consecuencias por la recogida de las basuras o las alcantarillas mal olientes. Pero no sucede lo mismo con la contaminación visual que se ha convertido un ‘lejano oeste’ en donde todo se vale, y lo peor de la situación es que está siendo colonizado, desde hace más de una década, por intereses comerciales particulares sin conciencia social. Es el caso de las vallas, los muros, los postes y todos esos espacios de usos generales que son aprovechados para publicidad callejera o para promocionar candidatos al Congreso, las asambleas, las gobernaciones, los concejos y las alcaldías en tiempos de elecciones.

Las alcaldías y gobernaciones no cuentan con los mecanismos idóneos y eficientes para ejecutar las pocas normas que existen al respecto. La guerra de vallas comerciales sin control que hacen del espacio público una tierra de nadie y de todos, se está viendo en muchas ciudades con graves perjuicios para la gente, sin que las autoridades puedan hacer algo ara remediarlo. Y ese limbo lo aprovechan empresas de comunicación publicitaria no formales para beneficiarse de ese espacio de todos al margen de las normas. Las administraciones locales y regionales no cuentan con las herramientas idóneas de desmonte de vallas ilegales que muchas veces representan un peligro para los transeúntes que pueden distraerse al paso de una calle si se es peatón, o al tomar una curva cuando se va conduciendo. El tamaño y la ubicación de las vallas es un asunto sin resolver que está afectando el embellecimiento de las ciudades o de las mismas carreteras en las zonas rurales.

Hay quienes argumentan normas de otros países o traen a colación el caso de ciudades famosas por su ruido visual, pero poco hacen para que este negocio cumpla con normas en función del interés público. Es un deber de los concejos tratar de reglamentar con mayor efectividad el uso del espacio público y su grado de ocupación. Este debe ser un tema de suma importancia para evitar la pauperización de un espacio que es de todos.