Empresas de un millón de millones de dólares

Bezos tiene el título de “cienmilmillonario” por su fortuna, mientras que Apple es la primera en valer en Bolsa un millón de millones de dólares

EditorialLR

Este agosto de 2018 pasará a la historia por ser el año en el que el dueño de Amazon, Jeff Bezos, alcanzó una fortuna que supera los US$150.000 millones, mientras que la compañía Apple pasó a valer en la principal bolsa de valores del mundo, un millón de millones de dólares. Ambas, sin duda, cifras que se instalan como nuevos récords en el sector financiero y empresarial, que desde ya se convierten en una suerte de metas que pretenderán sobrepasar por sus seguidores. Lo llamativo del tema, o mejor la enseñanza que nos deja esta noticia, es que ambas empresas no existían hace algún tiempo no muy lejano, y que están montadas plenamente sobre los rodillos de la cuarta revolución industrial que basa sus desarrollos en los desafíos digitales, el comercio electrónico, y por supuesto, en los beneficios del internet de las cosas. Si se desagregan ambas situaciones (Bezos y Apple), se encontrará que son ejemplos vivos de la multiplicación evolutiva gracias a innovación tras innovación en todos y cada uno de sus productos y servicios. Apple no es solo una industria que fabrica celulares y computadores, como Bezos no es un CEO de una compañía de comercio electrónico; ambos casos son el mejor ejemplo de foco en un consumidor exigente que paga por la calidad y el servicio, de conocimiento absoluto en dónde residen las decisiones de consumo, y lo que es mejor, la evolución permanente es la que les permite ir más allá de los demás competidores. Pero hay un detalle no menor y es que la empresa y el emprendedor no basan sus decisiones en la búsqueda irracional de recursos para desarrollar sus ideas, sino todo lo contrario, primero nacen las ideas disruptivas y posteriormente o por añadidura vienen los recursos de capital. ¿Qué era Amazon? ¿Qué era Apple? Grandes ideas que se volvieron realidad, y luego, casi como consecuencia o añadidura de su éxito vinieron los recursos de capital. Conclusión: ¡son las ideas no la plata!

Todos los países desarrollados, los emergentes y los de frontera, experimentan por estos años una fiebre de emprendimientos, mucho reflejo de lo que pasa en el agitado mundo de las grandes corporaciones tecnológicas. La diferencia entre los países que logran una red sólida de empresas de nueva generación basadas en tecnologías de información y conocimiento y las que sobresalesn es que unas nacen para ser vendidas y obtener recursos frescos de capital ingenuo, y otras -las que perduran- son hechas para durar muchas décadas.

Nunca antes la sociedad tecnológica había crecidos tal y como lo ha hecho en los últimos 50 años y eso hace que los retos de los emprendedores sean más grandes de los que les impuso las tres primeras revoluciones industriales.

Experimentar con la mecánica proveniente del vapor o probar con la electricidad y la llamada informática, era un asunto complejo y que marcaba el futuro de quienes lo hacían, pero pretender andar sobre los retos que impone la cuarta revolución industrial, con los mismos valores gerencias e innovadores de vieja data, es ir seguro al fracaso. No es una meta tener la riqueza de Bezos o lograr que el valor en bolsa de su empresa sean como las de Apple, el reto del siglo XXI es hacer cosas nuevas que revolucionen las industrias, las manufacturas y todos los servicios para mejorar el mundo, el dinero siempre vendrá por defecto.

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