En el equipo de empalme está la clave del Gobierno
martes, 23 de junio de 2026
El presidente electo, Abelardo De La Espriella, no debe descansar un solo minuto en la tarea de armar un equipo de gobierno de altas calidades y rendimiento, los problemas del país no dan tregua
Editorial
La primera enfermedad que debe estabilizar el presidente electo, Abelardo de la Espriella, es el deterioro del orden público en el grueso de los 32 departamentos y los 1.103 municipios que tiene Colombia. La extorsión, el narcotráfico, el secuestro, los bloqueos de vías y las actividades vinculadas a las microeconomías subterráneas deben ser asuntos de primer orden para el mandatario. Él debe acompañarse de personas expertas y conocedoras en el manejo de esta problemática para lograr, en menos de 150 días, estabilizar la seguridad en todo el territorio.
En simultáneo, la economía es el problema de mayor impacto que tiene por delante. La simple razón es que el fisco nacional está sin el dinero necesario para hacer inversión social, dar saltos tecnológicos, construir infraestructura y contratar a las personas más idóneas para conducir las empresas industriales y comerciales del Estado. De allí saldrá el dinero que financie los presupuestos generales de la Nación venideros. El próximo 7 de agosto, el déficit fiscal de Colombia estará entre 6% y 7%.
Estos porcentajes son una verdadera alerta sobre la condición de la economía para la banca multilateral y las firmas calificadoras de riesgo. Hay que priorizar la baja del déficit fiscal a terrenos de 4% el primer año, y comprometerse con un déficit controlado de 3% antes de 2030. Para lograrlo, se necesita un jefe de la economía que se mueva muy bien en Washington y en Nueva York, donde se tramitan créditos a buenas tasas y se trabaja por la recuperación del grado de inversión perdido durante la pandemia.
Es probable que De La Espriella haga lo mismo que Javier Milei en Argentina: acudir al gobierno estadounidense de Donald Trump para acceder a un millonario crédito que estabilice la deuda, ahorre recursos destinados al servicio de la deuda de los créditos recibidos durante este gobierno y libere dinero para las inversiones requeridas. El ministro de Hacienda debe tener vuelo propio. Debe estar acompañado de un director de la Dian enfocado en recaudar más de $300 billones anuales, atacar la corrupción interna de la entidad de impuestos, combatir la evasión y el contrabando, y garantizarle al nuevo gobierno que es capaz de cobrar impuestos sin acudir a nuevas reformas tributarias que carguen de obligaciones a los empresarios y a los empleados de nómina.
Si Hacienda y la Dian reposan en buenas manos, será más fácil lograr el principio de atacar la informalidad reinante. Durante los últimos cuatro años, incluso antes de la pandemia, la informalidad se consolidó como el gran problema de la economía colombiana sin que nadie hiciera nada para evitarlo. Si se ataca la informalidad flexibilizando cargas parafiscales, haciendo una buena reforma al régimen laboral y promoviendo que los emprendedores se conviertan en verdaderos empresarios, quizá las cosas puedan mejorar rápidamente.
Entre un gobierno y otro, es necesario elaborar un libro blanco como mecanismo de corte de cuentas para evitar que la parábola del retrovisor se mantenga durante el cuatrienio. Los comités de empalme, no solo en cada uno de los ministerios, sino en cada una de las entidades, son fundamentales para identificar a los ministros más probos que trabajen por el desarrollo del país. La Colombia que recibe el presidente electo tiene 54 millones de habitantes, 20 millones de familias, 15 millones de personas en estado de pobreza y unos cinco millones en condición extrema. Llena de carencias que debe enfocarse en dar soluciones urgentes y no enredarse en peleas políticas con expertos en drenar el erario público, como funcionarios de todos los gobiernos anteriores.