En la bolsa el problema es de confianza

El mercado secundario es clave para cualquier economía que se precie en vía de desarrollo y en Colombia la tarea está estancada desde las comisionistas

EditorialLR

Con la llegada de una nueva administración a la Casa de Nariño soplan vientos de cambio en todos los sectores de la producción; hay una apuesta renovada en escena que bien necesita Colombia para asegurar su futuro; incluso varios sectores de la economía empiezan a reactivarse y el dato del crecimiento del segundo trimestre es una buena señal. Aunque las industrias, las manufacturas, la banca y los servicios en general, siempre han sido sectores marcados por la incertidumbre, el optimismo empieza a llenar vacíos otrora difíciles de copar. Una situación muy distinta se vive en el mercado secundario que no crece al ritmo que el país necesita y que aún no genera la confianza que amerita la bolsa de valores con todos sus componentes. Todo parece indicar que la crisis global de 2008 se instaló para quedarse por muchos años en ese sector fundamental para el desarrollo de la economía y una fuente inagotable de recursos frescos para financiar las empresas. Curiosamente en este país, el centro bursátil aún no es masivo, incluso ni popular y dista mucho de lograrlo, no por el papel que juega en el mercado, sino porque las firmas comisionistas tradicionales -las que no tienen un banco de respaldo- no lograron trascender o impactar la economía de las personas como un todo, que bien puede jugar un papel primordial en los ahorros, las inversiones y en la proyección de las pensiones voluntarias. Después de la crisis de hace una década vinieron grandes líos de confianza locales, como el de Interbolsa y todas sus secuelas, de los cuales las firmas tradicionales no han podido recuperarse; situación que se profundiza con otros casos como el más reciente de ValorAlta. No hay muchas empresas que le apuesten a listarse en la Bolsa y quienes se han jugado no esperan mucho de sus movimientos; en pocas palabras es un mercado que no crece al ritmo de la ilusión de un país que le va a apostar al emprendimiento.

Valga la pena decir que el problema no es de la Bolsa de valores de Colombia, ni de sus directivos que han hecho un papel crucial en toda esta historia; el epicentro está en los poderes tradicionales del mercado secundario que no supieron evolucionar y no han pasado más allá de la frontera, dejando pasmar una iniciativa tan provocativa como era el Mercado Integrado Latinoamericano, Mila, que buscaba poner a jugar en un mismo sitio las bolsas de la Alianza del Pacífico. Ese es el gran problema y así se ha dejado ver en la cita anual de Asobolsa, el gremio de las firmas comisionistas, en donde el ratificado Superintendente Financiero, Jorge Castaño, ha recordado muchos problemas que aún subsisten entre los comisionistas y que no dejan despegar el sector. El país ha hecho un esfuerzo importante en converger a unos estándares internacionales, que además han sido puestos a prueba. La confianza institucional ha servido para sacar adelante a un mercado que se ha visto mermado. Dijo el Superintendente que “la confianza no puede estar centrada en que haya rentabilidad positiva, sino en que exista la información necesaria para que el inversionista tome decisiones (…) La regulación no tiene como propósito responder a cada evento de fraude, porque eso haría muy costosa la forma de operar. La idea es que las comisionistas mejoren sus esquemas para anticiparse a la administración de los riesgos. Así ellas puedan reaccionar de manera anticipada”. Debe haber un mayor esfuerzo para generar una confianza ética, porque ahí es donde hay que mejorar.

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