Enseñanzas tras la crisis de Hidroituango

Nadie gana con la crisis del mayor proyecto energético del país, pero en cambio el insuceso sí deja muchas enseñanzas para no repetir.

LR

La historia nos ha enseñado que el país político, económico y social es más caníbal que constructivo y que este pecado o rasgo en el ADN nacional es uno de los peores obstáculos para crecer en el desarrollo. La lente más usada para mirar o analizar los sucesos que dejan huella en Colombia es la judicial: todo lo observamos esculcando la culpabilidad y mala intención de cualquiera sea el hecho, incluso en las noticias buenas. Obvio, el caso de Hidroituango no es la excepción y vemos cómo se lanza una cacería de culpables aún sin conocer el desenlace de lo que ocurrirá con el mega proyecto energético más importante. La Alcaldía de Medellín, la Gobernación de Antioquia, las Empresas Públicas de Medellín y el Instituto para el Desarrollo Económico de Antioquia, Idea, únicos dueños y responsables de la obra, han actuado de manera ejemplar frente a la tragedia -dicho sea de paso- no ha cobrado vidas humanas y han puesto en marcha todos los protocolos para preservar y minimizar los daños en las poblaciones afectadas por la misma obra y los caudales del río Cauca.

El proyecto de Hidroituango es el más importante de la historia eléctrica nacional en muchas décadas y le permitirá al país olvidarse de eventuales racionamientos, pues proveerá casi 25% de la producción energética en un futuro; además, permitirá reducir el costo de la electricidad en el mercado local e incluso exportar excedentes. Las firmas de ingeniería que están desarrollando la obra: Camargo Correa, Conconcreto y Coninsa, deben continuar cuanto antes con las obras para no parar este proyecto, que de retrasarse más o de suspenderse podría en graves aprietos el futuro del sistema de interconexión del país. En pocas palabras, Hidroituango debe continuar y el resto de actores en esta situación seguir con sus roles y funciones, como deben hacerlo las autoridades de control y vigilancia, pues tanto las autoridades locales y regionales, como las empresas privadas comprometidas son vigiladas.

Hay enseñanzas antes, durante y después de la crisis. La primera tiene que ver con el manejo estricto de los riesgos que representa trabajar con las fuerzas de la naturaleza, pues siempre son variables difíciles de controlar y la ingeniería del país está en deuda si miramos otras tragedias como la del puente Chirajara, los edificios Space, Blas de Leso y ahora Hidroituango. Hay una asignatura pendiente y es hacer una verdadera reflexión sobre el nivel de calidad de la ingeniería local. Una segunda enseñanza tiene que ver con la solidaridad social y empresarial en torno a grandes obras. Hidroituango ha despertado el respaldo de la gente y de los empresarios, pues ven más allá de este difícil obstáculo. No podemos decir lo mismo del respaldo político, ya que algunos candidatos y líderes regionales y nacionales se han ido lanza en ristre en contra de los intereses generales, levantando críticas sin razón y cargadas de oportunismo electoral.

La tercera enseñanza es el manejo trasparente de la información eventual, tanto corporativa como pública. Los responsables no han escatimado ningún esfuerzo para hablar con la gente afectada y con los medios para aclarar cualquier situación y salirle adelante a las noticias falsas. Ahora bien, si al interior del desarrollo del proyecto no se compartió información trascendental para los socios es un asunto que deben tratar las instituciones de control y vigilancia. Por ahora, todo marcha -dentro de la penosa realidad- mejor de lo que podría suponer.

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