Expectativa por elecciones y Mundial se nota
jueves, 18 de junio de 2026
La confianza del consumidor se situó en 17,8 registrando un alza de 4,1, al tiempo que, los índices de expectativas del consumidor y de condiciones económicas subieron
Editorial
La formación económica de un país como Colombia se dinamiza a golpe de expectativas. En el plano del medio año, se nota el impacto de la temporada mundialista. Esta sumerge a la sociedad en una época de alto consumo que, como sucede cada cuatro años, se cruza con el frenesí político por el cambio de presidente de la República.
Los horarios de los comercios, las empresas, las oficinas de servicios y la movilidad en pueblos y ciudades quedan marcados por los partidos de fútbol del gran certamen cuatrienal en Estados Unidos, México y Canadá. Entre tanto, la campaña política y sus tradicionales enfrentamientos sobre el modelo de país deseado se suman al estado de ánimo de este periodo. Este optimismo ha mejorado a la luz de los datos sobre confianza del consumidor, expectativas y condiciones económicas de las familias.
Según Fedesarrollo, su Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de mayo se ubicó en un balance de 17,8%. Esto representó un incremento de 4,1 puntos porcentuales frente al mes anterior, cuando se situó en 13,7%. Este resultado derivó del Índice de Expectativas del Consumidor y el Índice de Condiciones Económicas. Frente a mayo del año pasado, la confianza del consumidor subió 21,6 puntos porcentuales. Hubo un aumento de 28,4 puntos porcentuales en las expectativas y de 11,3 puntos porcentuales en las condiciones económicas. Si las cosas se mantienen así para junio, julio y agosto, el país podría entrar en una dinámica muy distinta a la de los años anteriores.
El consumo sigue siendo uno de los mayores motores de la economía nacional. Para nadie es un secreto que 20 millones de familias están aumentando sus deudas para costear turismo, entretenimiento y recreación; un conjunto de subsectores que hoy registran datos en positivo. No es malo que la economía se mueva a golpe de consumo. Lo malo es que las familias se endeuden más allá de su capacidad de pago, que la cartera morosa de los bancos aumente a tasas preocupantes y que la cultura del no pago se instale en la sociedad.
Esto ya ha ocurrido en otros países y en momentos en los que los consumidores olvidan, deliberadamente o por ideología, que vivir al debe tiene sus consecuencias. Por otra parte, el optimismo instalado por el cambio de gobierno puede operar como una parábola del deseo cumplido hacia un modelo económico mucho más propositivo y de mayor crecimiento que el actual.
La economía de mitad de año claramente se revitaliza por el gasto y por la esperanza de un cambio en el modelo económico que habita la Casa de Nariño desde hace cuatro años. Pese a las críticas antisistema, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) es el indicador más aceptado para medir si un país va bien o mal. Si nos atenemos a este dato para el año 2026, las proyecciones vistas desde mayo no son tan buenas, dado que los vaticinios económicos muestran que la economía solo se expandirá 2,4%. Son muy positivos los datos de confianza que mejoran a mitad de año, pero el factor más duradero será la certeza de que los electores rompan con el modelo económico que no le ha permitido al país alcanzar su verdadero potencial.
Esto se puede lograr si más de 25 millones de colombianos salen a las urnas para la segunda vuelta presidencial.