Hablar de empleo en el Día del Trabajo

las cifras de desempleados que llegan de españa dan escalofrío, en colombia soplan otros vientos, pero aún falta formalidad.

El viernes pasado las cifras de desempleo en España daban cuenta de que hay cerca de 5,5 millones de desocupados en un país con una población económicamente activa que supera los 22 millones de personas.

El dato nos impacta más allá de lo sicológico, pues una buena parte de las remesas que nos llegan vienen de Europa, y en ciudades del Eje Cafetero y el suroccidente colombiano, hay miles de familias que derivan muchos de sus ingresos de parientes que emigraron hace un par de décadas cuando la economía española atravesaba el `boom del ladrillo`.

El supuesto de que el alto índice de desempleo que experimentan ciudades como Popayán y Pereira está en parte asociado a la crisis española es completamente errado en relación con los muy pocos inmigrantes que han regresado y lo que estos pueden representar en la población activa de esas ciudades.

El efecto incluso es contrario: casi una generación de jóvenes de esas regiones, se acostumbró a vivir de un ingreso externo, vía remesas, y su interés por buscar trabajo ha sido casi nulo. Se volvieron rentistas despreocupados por encontrar una forma de ganarse un salario.

Muchos inmigrantes se niegan a regresar a pesar de las políticas españolas que animan esta situación porque ya están establecidos en lo familiar y en lo económico. Para personas que han estado más de una década en otro país les es muy complejo reinstalarse en su país natal, pues tendría que volver a comenzar y muy pocos le apuestan a esto.

Pero más pesa que ser desempleado en Europa o Estados Unidos es mucho más rentable que no tener un trabajo en Colombia, muy a pesar de que las tasas de desempleo en nuestro país ronden un dígito en algunos meses del año.

La informalidad, los bajos salarios, las largas jornadas laborales, son algunos de los factores que se asocian con baja calidad de vida en Colombia. En una primera etapa es loable que se generen nuevos empleos soportados por un buen crecimiento económico que ronda el 5%, pero en una segunda etapa las autoridades económicas deben propiciar las condiciones para que esos nuevos empleos sean formales y bien remunerados, obviamente sin que las empresas pierdan competitividad en el concierto internacional.

El Gobierno Nacional no debe ser un agente pasivo en el diseño de políticas que generen empleos formales, al tiempo que las empresas deben ser actores altamente activos en la generación de nuevos puestos de trabajo.

Es tiempo de que el Ejecutivo y el Legislativo revisen los impuestos parafiscales, que son sin lugar a dudas, una carga muy grande para los empresarios y un obstáculo para generar empleos.