Editorial

Hablar del salario mínimo, ¿prematuro?

El impacto de la reforma tributaria en la nómina obliga a hablar de salario mínimo antes de final del año

El impacto de la reforma tributaria en la nómina obliga a hablar de salario mínimo antes de final del año

La discusión sobre el incremento del salario mínimo para 2013 se debe precipitar para las próximas semanas porque este año será atípico para las empresas y para los mismos asalariados. Negar esta realidad es desconocer que la reforma en los impuestos propuesta por el Gobierno Nacional tendrá, ciertamente, los alcances y los impactos en los presupuestos corporativos para el nuevo año.

El monto del salario mínimo no solo es importante para más de un millón de personas que lo devengan, sino que es un tema clave para toda la economía; es el parámetro que se usa para las sanciones, para los incrementos en las nóminas y para muchas alzas en bienes y servicios. No es un asunto menor o secundario que siempre llega entre villancicos, buñuelos y árboles de Navidad, es un tema crucial para proyectar la inflación deseada por el Banco de la República y para hacer las convenciones colectivas venideras, que son bastantes.

Por eso las primeras pistas que se lanzan al ruedo para la discusión económica, no son para nada prematuras, y mucho menos en medio del agite de la reforma tributaria enfocada a generar más empleo. Así como sucede con los argumentos populistas de quienes defienden un galón de gasolina más barato (olvidando que es un peaje natural y una barrera de entrada de más vehículos a las calles), hay quienes defienden salarios mínimos por encima de $600.000. Olvidando que entre más alto es el salario mínimo, menores empleos formales se generarán. Lo ideal es tener en cuenta un reajuste consistente de una inflación cercana al 3%, una tasa por productividad laboral del uno por ciento anual; todo eso si, el crecimiento está por encima de 4,5%.

Es decir, un alza en el salario mínimo que no pase del 4,2% como lo propone el centro de estudios académicos del sistema financiero, Anif. Que en términos concretos son $590.000. Estar por encima de esta cifra -dice su propuesta- “amenazaría la doble meta de reducir el desempleo promedio por debajo del 10% en 2013 y lograr elevar la relación de Contribuyentes Activos/PEA (población económicamente activa) del actual 33% a por lo menos un 50% en el curso de los próximos dos-tres años”.

Hay un argumento superior y es el que tiene que ver con el aprovechamiento de los tratados de libre comercio por parte de las empresas exportadoras. Se ha demostrado que un salario mínimo general de unos US$300 no es competitivo en una economía enfocada a vender más y a mayores mercados. Si queremos que los exportadores no se sigan quejando por la tasa representativa como única herramienta de competencia, debemos ser concientes de que con salarios mínimos por encima de esta cifra estaríamos en un mal escenario de competencia global.