Hacer casas y financiarlas para reactivar el país
miércoles, 26 de agosto de 2026
Los bancos han entendido -y el Gobierno les ha copiado- que la clave de la reactivación económica son las tasas bajas para las hipotecas y el despegue de la construcción
Editorial
La inflación no cede de 6% durante el último año y los bancos decidieron bajar las tasas hipotecarias de 16% en promedio hasta 8%, es decir 2% en términos reales, un auténtico golpe de mesa para apurar la recuperación de las zonas afectadas por el terremoto y la cuota inicial de la necesaria reactivación de una economía raquítica que solo crece a 2,5% anual.
El listado de los beneficios de esta jugada económica es muy largo: si hay créditos baratos para comprar casas, habrá más construcción, que es el dinamizador más efectivo para hacer crecer el PIB de manera más expedita, pues se entra en un ciclo de contratación de miles de trabajadores formales -obreros, técnicos e ingenieros-, se generan nuevos empleos indirectos en alimentación, oficinas y transporte, se compran materiales como acero, cemento, madera, vidrio, ventanas y pintura, entre otros, y se mueve el comercio de maquinaria y herramientas, en un auténtico tornado que conecta 25 ramas de la economía colombiana. Dicho sea de paso, la construcción es 6% de un PIB de unos US$550.000 millones.
Construir casas activa el levantamiento de escuelas y hospitales que mejoran la competitividad. La construcción obliga a mejorar los servicios públicos de agua, luz e internet, además de activar carreteras, puentes y puertos que facilitan el traslado de mercancías. Es loable aprovechar el proceso de reconstrucción para impulsar inversiones, generación de empleo y desarrollo económico en una de las regiones históricamente más rezagadas del país.
El déficit habitacional es de 26% a nivel nacional, según el Dane, un indicador que mide las carencias residenciales y se divide en dos tipos: el cuantitativo (falta de vivienda nueva) y el cualitativo (casas que existen pero tienen deficiencias en materiales o servicios). Ahora lo que debe hacer el gobierno nacional es impulsar subsidios de mejoramiento y reactivar la oferta de interés social, pues más de 20 millones de personas viven en casas arrendadas; los estratos más bajos concentran la mayor vulnerabilidad habitacional, un problema que se ha ido incrementando en los últimos años sin políticas públicas enfocadas a que los colombianos más pobres tengan un techo.
De los 20 millones de hogares que hay en Colombia, unos 8 millones tienen casa propia, mientras que poco más de 7 millones arriendan el inmueble en donde viven, el resto no reporta su condición habitacional, teniendo en cuenta que en condición de pobreza absoluta hay más o menos 5 millones de personas.
Uno de los grandes problemas que tiene el país es la vivienda y si los bancos logran encadenar créditos baratos y el gobierno nacional se suma con subsidios a las viviendas de interés social, no solo se está reactivando la economía, sino cambiando el rumbo de la vida de las familias. No es menor el ambiente de optimismo que han desencadenado los banqueros al bajar la tasa de interés hipotecaria, esto llevará a la demanda de casas que a su vez reactiva 25 sectores de la economía; es la manera más inteligente y oportuna de convertir una tragedia como el terremoto del pasado 10 de agosto en una oportunidad para que más colombianos puedan mejorar sus condiciones, como tener una casa o un trabajo formal derivados de la dinámica en la construcción.
Ahora el balón está en la cancha del Banco de la República, que debe encontrar la manera de atajar la inflación sin subir tasas o idear algún tipo de interés exclusivo para el sector constructor.