Hay que concesionar al río Magdalena

Es importante que el país económico vuelva a mirar a este importante eje fundamental de las exportaciones

El pasado viernes, pocos días antes de cumplir sus dos años en la Casa de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos anunció que su gobierno realizará una importante inversión en obras de infraestructura para garantizar la navegabilidad del río Magdalena, un sueño que han tenido los gobernantes colombianos desde viejas calendas, en las que los vehículos de combustible eran solo una ilusión y los ríos eran las autopistas de comunicación social, cultural y económica. El Magdalena no es solo la vertiente más importante de la geografía nacional, dado que recorre Colombia de sur a norte, uniendo la inmensa mayoría de valles agropecuarios, sino porque recoge las aguas del segundo en relevancia como es el Cauca. Es por esto que la verdadera espina dorsal de la economía colombiana bien podría volver a ser el Magdalena, eso, si las palabras del Presidente no se las lleva el río de los tradicionales anuncios.

Dijo Santos en Buenaventura: “al río Magdalena, que lo estamos recuperando, le estamos invirtiendo más de $700.000 millones, unos US$390 millones, para entregarlo después en concesión, eso va a abaratar muchísimo los costos de transporte”. Lo novedoso no es la inversión que informa el Presidente, pues durante casi toda la historia de la Nación en ese río se han gastado montos de dinero inimaginables. El punto clave está en la palabra concesión, la cual se usa como la panacea siempre que el Estado se encuentra sin salida en materia de ejecución o de eficiencia gubernamental. Muy bien que el Gobierno Nacional esté pensando en viabilidad el Magdalena con base en el rol que pueden jugar los privados, pues pocos países cuentan con un canal fluvial tan grande que sirva de autopista para el desarrollo comercial. El mismo mandatario confirma que “ya en el río hoy hay un número importante de barcazas que están transportando toneladas de carga, a un precio mucho más razonable. Todo eso nos va a dar más competitividad”.

Es llamativo que en los últimos anuncios del Presidente se note un regreso al pasado al plantear proyectos que hacían parte de una historia olvidada erróneamente. Santos y sus colaboradores, en temas de infraestructura, anunciaron en Buenaventura, que “con este sistema fluvial, en conexión con el Ferrocarril del Pacífico se logrará un gran ahorro al pasar de los US$2.400 que cuesta transportar un contenedor desde Bogotá al Pacífico, a pagar unos US$1.000 con este otro plan”. A todos los colombianos les gusta oír buenas intenciones, más si de desarrollo se trata, pero está en manos del Presidente hacer que sus palabras sean ciertas, de lo contrario el tobogán de su popularidad seguirá siendo su camino a la baja si no empieza a ejecutar lo que promete.