Editorial

Hay que insistir en el valor de los deportistas

Si miramos con detenimiento, cada semana un deportista es protagonista y su actividad se convierte en la mejor marca país, razón de peso para que las empresas apuesten más por ellos.

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Aún no sabemos aún qué tanta burocracia o gastos públicos se van a incrementar con el nuevo Ministerio del Deporte que reemplazará a la moribunda Coldeportes; lo que sí es cierto es que los deportistas colombianos ahora más que nunca antes son protagonistas en un puñado de actividades deportivas que los convierten en los principales promotores de la marca país, sin recibir mucho a cambio.

Así no se haya ganado la Copa América, la Selección de Fútbol fue animadora y salió con mucha dignidad de un torneo en el que el nombre de Colombia siempre sonó como favorito y fue acompañado en Brasil por miles de nacionales que corearon nuevamente el himno como cántico publicitario de país; a renglón seguido un puñado de ciclistas (Nairo, Egan, Rigo y Henao) están levantando ánimos en las carreteras francesas y hacen ondear la bandera colombiana, un ejercicio de espontáneos que si se valorizara no habría dinero para costear esa publicidad. A esas dos situaciones deportivas en el fútbol y el ciclismo se debe sumar la fuerte presencia de Caterine Ibargüen en la Liga Diamante de la que es su máxima estrella; siempre con su inmensa sonrisa y el tricolor nacional, y ahora, como si fuera poco, los tenistas caleños Farah y Cabal llegan muy lejos en el torneo de tenis más importante del mundo, la final de dobles de Wimbledon, y dejan en alto la bandera nacional. ¿Cuánto valen para Colombia sus gestas deportivas? ¿Por qué los colombianos pueden y los de otros países similares no lo logran? La respuesta es sencilla: el talento del capital humano de este país es enorme, muy a pesar de las escasas políticas públicas en materia de formación deportiva.

En muchos deportes, los colombianos ya empiezan a pasar de la etapa de “solo participar” a tener metas claras como es fase de “solo ganar”. Pero la mentalidad de ganar reside en la educación pública y privada temprana que arranca en los colegios en donde el mayor objetivo, hoy por hoy, es que ganen los años escolares o simplemente aprendan un idioma extranjero, casi sin importar la formación de una mentalidad ganadora que transforme el país. Hay que insistir en el valor de los deportistas en la formación de marca país, no solo por publicidad internacional, sino como punta de lanza para cambiar la mentalidad de los jóvenes, quienes tendrán que enfrentar la profundización de un mundo globalizado.

El ser colombiano es algo que solo se siente o se despierta cuando los deportistas derrotan a sus pares extranjeros y esa es la sensación de liderazgo sin igual que sienten los ciudadanos de países que ganan medallas en los Juegos Olímpicos o una final cualquier otro deporte. La supremacía económica de los países casi siempre va ligada a las medallas que se cuelgan sus deportistas; los países en fases económicas inferiores solo logran ganar en deportes muy individuales, porque en el juego colectivos, la sofisticación de las estrategias, la ayudas tecnológicas y las grandes inversiones solo están en las verdaderas potencias. Ahora bien, Colombia tiene talento y lo demuestra con individualidades esporádicas, pero debe avanzar a otra etapa en la que las empresas del sector privado se la jueguen por el deporte con más patrocinios; que los colegios y las universidades vean en esta “carrera o vocación” a jóvenes campeones de marca país. Es una revolución por venir que no se soluciona con un Ministerio del Deporte, pero sí ayudará, esperamos.

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