Editorial

Hay que refundar el sector ganadero

Gráfico LR

El negocio ganadero en Colombia sigue anclado al siglo XIX cuando el sector era una consecuencia de las grandes extensiones de tierra; impuestos, controles sanitarios e importaciones obligan a repensar la ganadería

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No son buenos tiempos para la competitividad del sector ganadero en Colombia: los controles sanitarios, los altos impuestos prediales, las exigencias ambientales, las importaciones de carne y la obsoleta organización de la trazabilidad del producto se ciernen sobre el sector como sus jinetes del apocalipsis, que obligarán a refundar la forma como hoy se produce carne en el país. El consumo per cápita de carne de res es de unos 18 kilos anuales, con tendencia al alza por la mejora en el poder adquisitivo de los colombianos, aunque la cifra es mucho más baja que en países similares como México, con 30 kilos; Argentina, con 46, o Brasil, con 42, cifras que cambian de acuerdo con el ciclo económico y, lo más importante, con el costo de vida.

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Aún en Colombia no se tiene bien detallada toda la cadena productiva con cifras comprobadas. El hato ganadero -se dice- ronda 30 millones de semovientes, pero hay mucha informalidad y el único control de registro es el de la vacuna contra la fiebre aftosa que maneja Fedegan, el gremio que agrupa a los ganaderos afiliados y al cual el ICA le tiene asignadas las dos jornadas de vacunación al año. Otrora, y hasta bien entrado el siglo XXI, la ventaja competitiva de la producción de ganado colombiano eran las vastas extensiones de tierra dedicadas al pastoreo; no había mucha tecnificación ni adecuaciones genéticas, factores que han cambiado y, en algunas explotaciones, la ganadería extensiva es insostenible y le ha dado paso a la mejora en la alimentación estabulada.

En lo que tiene que ver con lo genético, han germinado nuevas razas más productivas, que no necesitan muchas hectáreas, sino nutrición y cuidado. Hasta hace pocos años -algo queda en los viejos territorios nacionales- la ganadería era la avanzada de la colonización de las selvas y páramos, práctica que hoy es más controlada, máxime ahora que el Congreso aprobó el proyecto de ley de Ganadería Sostenible y Libre de Deforestación, una iniciativa que busca mejorar el rastreo del origen de la carne y proteger los bosques, ríos y la biodiversidad de su actividad.

La norma busca limitar la deforestación provocada por la ganadería y establece mecanismos de transparencia en el origen de la carne y del ganado en Colombia. Además, fomenta el bienestar animal y mejores condiciones laborales para los trabajadores del campo en este sector. Pero la dificultad de poner en cintura a los productores en sus obligaciones tributarias, y a los frigoríficos o carnicerías informales, ha explotado por estos días, cuando se ha hecho evidente que hay un Estado incapaz de cumplir con la trazabilidad del negocio y unos productores y carniceros reacios a digitalizar la entrada y salida del ganado a sacrificar.

El mismo gremio ha manifestado su preocupación por las dificultades que enfrentan los productores para el transporte de animales, debido a las fallas que se presentan en la aplicación del Sistema Nacional de Identificación, Información y Trazabilidad Animal, Sinigan V6. Esta inédita situación, que es solo la punta del iceberg de un sector que progresa lentamente, amenaza con desabastecimiento y elevación de precios, todo en la antesala de un pronosticado fenómeno de El Niño al final del año.
Es imperativo que el nuevo Gobierno Nacional tenga una hoja de ruta para modernizar la ganadería y proteger el trabajo de casi medio millón de familias.

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