Impuestos sí, pero con ahorro estatal

Tiene razón el gobierno de poner sobre la mesa sus propuestas tributarias que buscan financiar el gasto social, pero también debe poner de su parte

EditorialLR

A un mes de haberse iniciado la administración de Iván Duque, el tema de los impuestos está de manera prematura sobre la mesa, no solo por la polémica idea del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla de grabar todos los bienes y servicios con IVA de 19%, sino por la radicación en el Congreso de otra reforma tributaria de origen en la bancada de Cambio Radical; además de otras pequeñas iniciativas de otros partidos y parlamentarios en el mismo sentido. En pocas palabras, el tema de los impuestos está servido sobre la mesa para empezar a digerir lo que será la nueva reforma tributaria, que para los banqueros debe ser muy tecnológica, mientras que para el mismo Presidente -según sus últimas alocuciones y palabras de campaña- será benévola con las empresas, que hoy en día asumen gran parte de la cascada tributaria que padece el país. Para nadie es un secreto que el frenazo en el crecimiento económico tiene que ver con el monto impositivo del sector privado y el bajo consumo, que, dicho sea de paso, alguna vez fue el motor del ansiado repunte económico.

Las tesis económicas de Duque son razonables: por un lado, prometió bajarle los impuestos a los empresarios y por el otro proteger el ingreso de las familias como mecanismo para reactivar la economía. Una ecuación difícil de que arroje un resultado positivo, pero de eso se trata la economía, además de equilibrar una serie de variables que tienen que ver con ampliar la base tributaria y atacar de frente la evasión y la elusión por parte de los contribuyentes. Pero hay un elemento en la ecuación que compromete los gastos y los ingresos de la Nación y es la que tiene que ver con el elevado gasto público. Si miramos el presupuesto para 2019 está claramente desfinanciado; pero si se observa con detenimiento el monto destinado al funcionamiento del Estado es enorme. Se lleva más del 18% del total presupuestal.

Lo que debe hacer el nuevo Gobierno es trabajar con sus técnicos del Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de Hacienda y rebajar ese monto, tal como lo haría cualquier familia y observar que sus ingresos son menores que sus gastos. Nadie sabe a ciencia cierta, ni siquiera la Contaduría General de la Nación, cuántos empleados directos e indirectos hay al servicio del Estado; cuántos vehículos se mueven con gasolina pagada con impuestos; cómo son los modelos de pagos y contratación de los servidores; dónde centralizan los gastos, todo un mundo de gasto descontrolado. Estamos seguros que el nuevo Gobierno está rodeado de buenos técnicos que rápidamente observarán que el Estado gasta más de lo que le ingresa y que si quieren más pago de impuestos de las empresas o los consumidores tienen el imperativo de reducir sus gastos para dar ejemplo.

El pasado Gobierno creó muchas nuevas oficinas del Estado, como las agencias dependientes de ministerios, tal es el caso del Ministerio de Agricultura del cual se desprenden una buena cantidad de esas entidades que no han despegado. Allí hay una buena oportunidad de recortar gastos, pues pocos saben que la cartera del agro tiene 17 entidades adscritas, sin contar con las agencias. Es inevitable que los contribuyentes opinen y critiquen que no vale la pena pagar tantos nuevos impuestos para mantener un Estado gordo e ineficiente.

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