Independencia del Emisor, una pelea para dar
lunes, 6 de abril de 2026
La explicación de que la economía peruana avance en medio del constante cambio de presidentes se debe a que la cabeza del Banco Central es la misma desde hace décadas
Editorial
La historia económica de Perú se puede resumir en el siguiente titular: una docena de presidentes y un solo gerente del banco central desde 2006. Y es que la pelea desatada por el ministro de Hacienda, Germán Ávila, contra la Junta Directiva del Banco de la República por el manejo de las tasas de interés tiene que ver con la injerencia del Gobierno Nacional de turno en la política monetaria, una separación que le ha permitido a los Estados con economías de mercado progresar por encima de los totalitarios, que le dejan la política macroeconómica a presidentes populistas que disparan la inflación para perdurar en el poder; el costo de vida o la carestía tratan de solucionarla imprimiendo dinero y sin importarles las notas de las firmas calificadoras ni el grado crediticio en los mercados financieros.
Perú es un caso económico muy particular que le puso un torniquete a ese tipo de presidentes luego de que sufriera la hiperinflación en los años 80. Hoy la economía del país andino crece de manera sostenida, mantiene la inflación en torno a 3%, ha bajado el desempleo a un dígito y reducido la pobreza, gracias a la estabilidad económica, su apuesta por las exportaciones y la desbandada de los guerrilleros. Claro que problemas tiene, pero el punto es que la línea económica va por un lado y la nefasta política presidencial y legislativa por otros, bien separados. El eje económico peruano, que ha trascendido una docena de mandatarios, se llama Julio Velarde, el jefe del Banco Central de Reserva, a quien se le debe el fortalecimiento de la estabilidad macroeconómica del país.
Como todos los bancos centrales del vecindario, diseñados por la misión Kemmerer en los años 20, es clave regular la moneda, el crédito del sistema financiero, administrar las reservas internacionales, emitir billetes, monedas e informar periódicamente sobre las finanzas nacionales. Casi lo mismo que en Colombia, solo que acá el presidente de turno nombra a los codirectores de su conveniencia y estos al gerente general; incluso no hay claridad sobre el deber ser de los codirectores (miembros de la junta directiva), su probidad técnica y su formación. Pero lo más extraño es que el ministro de Hacienda de turno presida la junta a la cual asiste sin muchos datos más que los públicos del Dane, pues los otros miembros gozan del trabajo de un grupo enorme de estudios económicos; el Emisor colombiano tiene más de 300 economistas que se forman en las mejores universidades del mundo, una batería intelectual que rebasa a todos los equipos de los bancos privados y a la misma Planeación Nacional.
La intención de Petro y su ministro Ávila de hacerse con las decisiones del Banco de la República -cosa inédita- sirve en cuerpo ajeno para demostrar el peligro de los totalitarismos económicos en manos del presidente de turno. Hoy el gerente general del Banco y unos codirectores se le han atravesado al ministro, pero esto no siempre va a suceder. Es peligroso que un presidente muy popular y populista llegue, ponga tasas, imprima dinero y haga que la economía retroceda décadas de avance y desarrollo.