Editorial

La Alianza del Pacífico se debe fortalecer

Gráfico LR

Es elocuente que el nuevo gobierno ha dado un giro en sus relaciones internacionales desmarcándose del Castro-chavismo, ahora debe reforzar su liderazgo en el vecindario

Editorial

Diario La República · La Alianza del Pacífico se debe fortalecer

El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, es ciudadano estadounidense desde hace décadas. Su campaña a la Casa de Nariño estuvo marcada por la promesa de recuperar las buenas relaciones con EE.UU, motor de la economía mundial. El país norteamericano no solo representa el mercado natural para Colombia, sino también su mayor socio comercial; el grueso de las exportaciones tiene como destino algún estado de la Unión, mientras que una parte significativa de las importaciones se origina en el norte del continente. Sin embargo, priorizar el mercado estadounidense no debe ser la única opción.

Gráfico LR

Si bien es imperativo reforzar el comercio binacional como hoja de ruta de la producción nacional, diversificar hacia otros mercados atractivos -como México, Chile, Perú y Ecuador- sigue siendo una tarea pendiente para las políticas públicas y el crecimiento del sector empresarial colombiano. En este escenario, la Alianza del Pacífico surge como un mecanismo clave de integración regional y bloque económico. Este bloque facilita la negociación colectiva y dinamiza el comercio con otras latitudes como la Unión Europea y la cuenca del Pacífico. Históricamente, las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos se iniciaron de manera conjunta con el bloque de países andinos; no obstante, al cierre del proceso, las dinámicas cambiaron y los gobiernos optaron por acuerdos bilaterales exclusivos.

Hoy en día, los bloques económicos enfocados en el desarrollo comercial vuelven a determinar la pauta de las negociaciones globales, tal como ocurre con el Mercosur y la Unión Europea. Por lo tanto, aprovechar las afinidades políticas actuales entre los gobiernos de Perú, Chile y Ecuador constituye un camino expedito para avanzar con intereses comunes hacia economías de gran escala como China, Brasil, Argentina y las naciones centroamericanas.

Durante la administración de Iván Duque y la gestión saliente de Gustavo Petro, el trabajo en bloque dentro de la Alianza del Pacífico quedó rezagado. Asuntos cruciales como los tratados de libre comercio de impacto regional, la migración de nacionales, la diáspora venezolana, el combate al narcotráfico y la adopción de una agenda financiera común en el marco de las monedas digitales y las criptomonedas deben retomar prioridad.

Eventualmente, Colombia tendrá que enfrentar el debate de la dolarización. Ecuador tiene el dólar como moneda legal, en Perú se permiten los ahorros en divisas y en varios países de Centroamérica la moneda estadounidense es de curso legal. Dado que la Alianza del Pacífico ya alberga un mercado secundario semiunificado, el bloque debería avanzar hacia la convergencia financiera. Para lograrlo, es fundamental el compromiso de los gobiernos que inician su periodo en la región, permitiendo trabajar en conjunto con México y Brasil.

Finalmente, cabe reiterar que la Alianza funciona actualmente como un modelo de cooperación no vinculante. El desafío radica en transformar este espacio en un verdadero bloque político y económico con intereses comunes frente a la globalización. Para esta tarea, se deben utilizar pilares institucionales sólidos. Un ejemplo claro es el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), un dinamizador regional que bien podría apadrinar la aceleración de la Alianza, una idea estratégica que el nuevo gobierno no debe dejar morir.

TEMAS


Alianza del Pacífico - Dólar - Dolarización