La difícil tarea de Abelardo para arreglar Colombia
lunes, 22 de junio de 2026
Por más de millón y medio de votos, el Outsider de la política colombiana Abelardo de Espriella, se ha convertido en el presidente número 58 de un país que necesita redireccionar su modelo económico
Editorial
El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, se hace con el importante cargo luego de alcanzar casi 13 millones de votos (12.959.515) de un potencial de 41.421.973. Esto representa una gran derrota para la abstención tradicional de casi el 50%. Conseguir que la cifra de no votantes en la segunda democracia más antigua del continente baje al 37% es la primera gran victoria para la cuarta economía de la región. El otro hecho inédito en la jornada electoral del pasado domingo tiene que ver con que el abogado De la Espriella es un auténtico outsider de la política colombiana.
Es un profesional que nunca había sido elegido ni nombrado en ningún cargo público, y que supo conquistar al electorado colombiano al leer la inconformidad con el gobierno de Gustavo Petro y la necesidad de volver a trabajar por la seguridad en todos los rincones del país. Todo el Gobierno Nacional enfocó sus baterías publicitarias y de movilización laboral en favor del candidato continuista, Iván Cepeda, pero fracasó en el intento de reelegir a Petro por interpuesta persona.
Sin lugar a dudas, el presidente actual también es un gran ganador de la jornada electoral, dado que ha unificado a la izquierda en torno a su nombre. Esto es algo que nunca había pasado en un país que experimentaba su primer gobierno de izquierda. Seguramente, Petro y sus funcionarios construirán una oposición férrea para recuperar las principales alcaldías del país y, de paso, alistar candidatos idóneos para las justas que se vendrán en 2030. De la Espriella y su vicepresidente, el exministro José Manuel Restrepo, tienen por delante el reto de consolidar una administración que solo ganó por poco menos de 300.000 votos.
Esta es una mayoría suficiente para articular un gabinete ministerial probo que lleve al país a un nivel de desarrollo superior, reduzca la pobreza de 15 millones de colombianos a menos de un dígito y lleve la seguridad, como garantía de inversión, a los rincones con mayor potencial en los 1.103 municipios. Estas regiones claman una guerra frontal contra delitos como la extorsión, el narcotráfico, el secuestro y los bloqueos permanentes; pero, sobre todo, exigen que se enfrente la desidia del gobierno central, representada en la ausencia de fuerzas del orden e instituciones garantes de la justicia.
De la Espriella debe armar urgentemente las distintas comisiones de empalme para avanzar en una administración que debe ser disruptiva, pues la Colombia del siglo XXI es muy distinta a las anteriores. La población envejece a pasos agigantados, la diáspora de colombianos al exterior aumenta y la pobreza no cede como los gobiernos de turno lo dicen. Además, el costo de vida se vuelve crónico como el tercero más alto de América Latina y, lo que es peor, los colombianos pierden la esperanza de que solo el crecimiento económico, pírrico y de menos del 3%, sea la panacea para construir un país mejor.
No hay que dejar perder una sola hora en la confección de una alta gerencia gubernamental que recupere la producción de petróleo, atraiga las necesarias inversiones en el sector minero-energético y enfrente el pronosticado fenómeno de El Niño, el cual desnudará las falencias del sistema energético y la carencia de planeación en los riesgos inminentes. Por otro lado, los poco más de 12 millones de colombianos que votaron por el continuismo del gobierno de izquierda deben oír del presidente electo que se respetarán muchos de los logros enfocados en la ayuda a los más necesitados. De la Espriella será el presidente número 95 desde la independencia y el 43 desde la creación de la República de Colombia, un lugar en la historia sobre el cual hay muchas expectativas.