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La economía debe entrar en modo FMI

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La realidad de las cuentas nacionales es cruda y ya no vale la pena mirar el retrovisor; lo importante ahora es cómo se aplica el programa con la banca multilateral para salir de la olla raspada

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Al oído de las multinacionales que prestan el servicio de telefonía celular

Ahora que se mueve el mercado de la telefonía celular, es oportuno pedirles a las dos empresas líderes, Claro y Tigo, que contribuyan “técnicamente” a contrarrestar el delito de la extorsión, vinculando siempre la millonaria venta de chips o SIM a un documento de identidad. En Colombia, la compra de tarjetas prepago todavía es libre e informal en miles de puntos de venta físicos y tiendas online, sin la exigencia estricta de identificarse en el momento del pago.

Diario La República · La economía debe entrar en modo FMI

Durante toda la historia del Fondo Monetario Internacional (FMI), casi 150 países han acudido a sus programas de financiación y acompañamiento para salir de las crisis ocasionadas por choques externos, guerras y depresiones globales, pero, sobre todo, por malos gobiernos. Incluso, hay Estados que han recurrido a la banca multilateral en varias oportunidades. Cabe destacar que, en la mayoría de los casos, dichos programas o agendas han sido exitosos.

Actualmente, está pasando desapercibido que Colombia adelanta un programa de ajuste con el FMI, el cual se perfila como una salida adecuada a la difícil situación del déficit fiscal. Es evidente que a la economía colombiana se le juntaron dos grandes déficits: primero, el de la pandemia, que alcanzó 8% en 2020; y luego, el del gobierno de Gustavo Petro, estimado en 8% para 2026. Resulta sumamente difícil financiar un presupuesto general de $635 billones con ingresos tributarios de apenas $300 billones, una deuda externa creciente y un crecimiento económico mediocre de 2,2% para este año y 2,3% para el siguiente.

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En este contexto, el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, ha adelantado la visita de los delegados del FMI, quienes propondrán una agenda de reformas y obligaciones para salir de la “olla raspada”. No cabe duda -y no hay espacio para engaños- de que habrá una reforma tributaria que castigue severamente a los evasores de impuestos, grave las apuestas digitales y amplíe la cobertura de los declarantes de renta, además de un ataque frontal a la informalidad laboral, que ya se ubica en 54%.

La economía nacional debe entrar en modo “agenda del FMI” para anticiparse a la narrativa sembrada en los años 80, cuando se culpaba a la banca multilateral del desgreño económico de los países sudamericanos, naciones que se endeudaron sin tener con qué pagar, no hicieron reformas e incumplieron sus obligaciones. Por fortuna, en ese momento Colombia no fue partícipe de esa situación y, desde entonces, ha labrado una excelente reputación ante las entidades crediticias.

Desde 2008, el año de la crisis hipotecaria global, las recetas de la banca multilateral han funcionado en los países que implementaron las reformas correspondientes. Este hecho ha puesto en jaque a la izquierda tradicional, la cual ha atacado históricamente la “cartilla” del Fondo Monetario, como se le conocía hace tres o cuatro décadas. Es una realidad dolorosa la que deben enfrentar el sector productivo y el Estado mismo.

Desde hace cuatro años, la economía colombiana no experimenta una reforma tributaria profunda, a pesar de que la inflación sigue creciendo y los gastos aumentan, mientras que los ingresos de los gobiernos de turno se mantienen estables. La última tributaria seria fue diseñada por el economista José Antonio Ocampo y le dio al gobierno de Petro el oxígeno suficiente para malgastar el dinero público en promesas y compromisos de largo plazo. Las administraciones nacionales no pueden seguir financiándose de emergencia en emergencia ni de préstamo en préstamo.

En esta oportunidad, debe consolidarse una verdadera reforma tributaria estructural que permita atacar la informalidad y la evasión, disminuir los beneficios fiscales logrados por algunos lobistas en el Congreso y tecnificar -en tiempos de inteligencia artificial- el pago de impuestos de todos los colombianos. Al estar en “modo FMI”, debe saltar a la vista que los impuestos en Colombia siempre los pagan los mismos: los empresarios y los empleados formales, mientras que los informales y los evasores logran esconderse a través del cabildeo parlamentario. Sin embargo, no todo puede limitarse al recaudo; el FMI también debe obligar al gobierno central a ser más eficiente, eliminar entidades burocráticas y fusionar agencias, direcciones y ministerios para avanzar, finalmente, hacia un Estado mínimo.

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