La eterna discusión de las cifras del desempleo
sábado, 28 de febrero de 2026
Lo peor que le puede pasar a la economía es que los gremios y las instituciones de investigación empiecen a desconfiar de las cifras del Dane, en algo que mida hay que creer
Editorial
Un país en el que cada una de las más de 250 universidades, del casi centenar de gremios de los sectores productivos y de las docenas de centros de investigación empiecen a disparar datos propios sobre variación de precios, crecimiento económico o empleabilidad entrará en el caos e iniciará una guerra desinformativa sin cuartel.
Lo anterior, porque el Dane reveló la tasa de desempleo para enero de este año y “allí fue Troya”: la tasa de desocupación de 10,9% registrada, según datos oficiales -la más baja en la historia reciente para un primer mes del año-, luego del aumento de 23% en el salario mínimo, ya genera una peligrosa polarización política, ad portas de unas elecciones presidenciales. Dice el Dane que la informalidad también se redujo a 55%, un punto menos que en enero del año pasado, sin contar el sector rural, que sigue en el olvido de la institucionalidad; unas cifras realmente buenas, máxime cuando hubo un serio enfrentamiento por el alto ajuste del salario mínimo y sus consecuencias en despidos; también porque los trabajadores por cuenta propia, autónomos o independientes están creciendo.
Es un imperativo que las cajas de compensación sean las que avalen el dato de la actividad económica sin empleador o patrono; es urgente saber cuánto de esta moda paga los parafiscales o ahorra para pensiones, es decir, si se autoaplica la seguridad social para evitar ser una carga futura para el Estado. Empleados públicos, profesores y miembros de las fuerzas armadas son los que más aumentan en el mercado laboral de enero. También hay bonanzas de cuidadores, enfermeras, médicos, paramédicos y otras actividades profesionales, científicas, técnicas y de servicios administrativos, pero son los trabajadores por cuenta propia quienes son noticia laboral.
Seguramente el Banco de la República o Planeación Nacional están estudiando el tema, que ya es una constante en la generación de empleo. Se debe analizar también una menor participación de la población en el mercado laboral, tal como se refleja en la reducción de medio punto porcentual de la tasa global de participación y el aumento de cerca de 410.000 personas que pasaron a ser económicamente inactivas. En el comercio se destruyeron 149.000 puestos de trabajo; en alojamiento y servicios de comida, 109.000; y en los servicios públicos, 69.000.
Este panorama se puede explicar por los desenganches luego de las fiestas decembrinas. La población ocupada creció poco más de 324.000 personas, en la administración pública, educación y salud (172.000), actividades profesionales (155.000) e industria manufacturera (134.000). Si se comparan los dos eneros, el año pasado la población ocupada era de 22,9 millones y 23,2 millones este 2026, con un crecimiento anual del empleo de 1,5%.
La discusión sobre el desempleo o la empleabilidad en un país emergente como Colombia siempre será oportuna, pero no se puede caer en el juego de hacer toda clase de politiquería con el trabajo de la gente. Temas como el impacto del salario mínimo, los parafiscales y la seguridad social -en el marco de la triste informalidad- son necesarios hoy más que nunca, pero siempre bajo el lente rector de las cifras de una entidad independiente y proba que refrende cada dato y comentario.
El Dane tiene fallas, pero es la entidad que comparte sus cifras con la Ocde y que sirve de insumo para todos los investigadores.