La filantropía de Gates en época de crisis

Focalizar ayudas, seguir siendo solidarios, flexibilizar políticas: algunas de las lecciones de Gates de cara a la recesión.

Un adagio popular dice que `en época de guerras no se oye misa`, un dicho que bien se puede ajustar a estos tiempos con aroma a recesión económica en los que no se acostumbra a hablar de solidaridad ni filantropía. Pero eso no es así a la luz de las palabras dichas por el fundador de Microsoft y ahora filántropo universal, Bill Gates, al diario El País. Su lección a los gobiernos europeos en estos momentos es que "el gran desafío es que esos pobres no queden olvidados por las dificultades financieras (…) y que el dinero que les permite vivir es menos del 1% de nuestros presupuestos (…) El peligro es que recorten partidas para equilibrar el presupuesto de los países más ricos".

Es una recomendación elocuente en estos momentos en los que gobiernos como el de España e Italia, especialmente, al igual que otros de la Unión Europea se han visto obligados a apretar sus cinturones con graves perjuicios para sus propias sociedades y las ayudas directas a otras regiones más pobres. Sobre este punto Gates recomienda algo novedoso que puede tener impacto futuro, pues su Fundación maneja más de US$33.000 millones en programas filantrópicos en países subdesarrollados. Dice el segundo hombre más rico del mundo, que "para que el dinero sea destinado adecuadamente y tenga un impacto real en la gente, debe ir a aquellos que más lo necesitan. Debemos asegurarnos de que el dinero va a los países pobres, donde puede tener un efecto contundente, y no a los de ingresos medios. Tenemos mucho que hacer para que la gente se sienta reconocida por la ayuda que concede, que sepan lo importante que es mantenerla".

Otro punto importante de ruptura en las palabras  de Gates al diario español es que históricamente la ayuda ha estado mezclada con amistad, una premisa que se está terminando y la cual se puede aplicar con elocuencia a las políticas exteriores de muchas naciones. Por ejemplo, miremos el caso del TLC con Estados Unidos y las frenadas preferencias arancelarias. Es contundente cuando dice que ayudar a países de ingresos medios de unos US$10.000, "debes preguntarte por qué, por qué le ayudas. La ayuda debería ser para los más pobres (…) Estados Unidos ayudaba a países que podían malgastarla, pero si era un amigo no había problema. Afortunadamente con el fin de la Guerra Fría ese tipo de ayuda ya se acabó y ahora puedes decir que cada euro que gastamos tiene un impacto humanitario".

Y finalmente, el recomienda a países en crisis financiera que deben ser flexibles con las empresas que potencialmente se deben instalar en su territorio, máxime si se tienen desempleos tan altos. Es un hecho que las recesiones hacen cambiar radicalmente muchas cosas, entre ellas al filantropía.