La gran mentira de decirle no a una nueva tributaria
martes, 27 de enero de 2026
Todos los últimos gobiernos se han acostumbrado a hacer tributarias retrógradas y hasta expropiadoras, no han sido capaces de rediseñar los impuestos
Editorial
No puede pasar desapercibido que el Gobierno Nacional actual fracasó en materia de impuestos, que solo logró sacar una reforma tributaria muy criticada y que, en materia de recaudo, no consiguió las cifras prometidas.
La Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, Dian, dio a conocer las cifras de recaudo del año pasado, por solo $296 billones, $9,4 billones por debajo de la meta de $305,4 billones. La entidad dice que el bajo recaudo tiene que ver con la revaluación del peso y las elasticidades existentes en materia tributaria. La verdad es que la meta estaba desfasada frente a la realidad económica del país, las expectativas no contemplaban la realidad de los distintos sectores y la carga tributaria para las empresas sigue siendo muy alta.
El Gobierno Nacional nunca logró hacer coincidir su meta de impuestos con los incentivos para las personas naturales y jurídicas; sus posturas críticas y poco constructivas frente al sector productivo se traducen en menos impuestos, pues el único gobierno en la historia reciente que nunca presentó un plan de reactivación de la economía, ni diseñó incentivos para que varios sectores ricos en el pago de impuestos crecieran. La visión de las actuales autoridades económicas sigue siendo anti-empresa y muy alcabaleras, sino si los impuestos surgieran por generación espontánea y no por trabajo.
El año pasado fue la retención en la renta, con $103,61 billones recogidos y una participación de 35%, el impuesto más exitoso, que a su vez es el más regresivo porque espanta las inversiones. El impuesto a las ventas, con $64,35 billones y 21,7% de participación y aduanas con $50,46 billones recaudados y 17,1% de participación, debería haber sido el que más aporta porque refleja la dinámica de la economía.
Otros tributos asociados a la actividad económica interna dejaron $245,5 billones, mientras que aquellos asociados al comercio exterior sumaron $50,47 billones. El Presupuesto General de la Nación es de $547 billones y los impuestos suman menos de $300 billones, generándose un desfase que tiene que ver con el modelo tributario del país que clama a gritos -desde hace varias décadas- una reforma tributaria estructural que incentive a las personas naturales y a las empresas e invite a invertir por la disminución de las cargas tributarias.
Los altos impuestos, las grandes cargas tributarias, los microcobros, el analfabetismo digital de la Dian, y la cabalgante cultura de la evasión y elusión, condenan a Colombia a pagar impuestos desordenados. Pero lo peor es que los candidatos a la Presidencia de la República y los senadores no pueden decirle no a una gran reforma tributaria que rediseñe el sistema de impuestos, en el que el eje de beneficios sean los contribuyentes naturales y corporativos.
Con un déficit cercano a 7,5% y un gasto público desbocado, nadie que quiera ir al Congreso o al Ejecutivo puede ser tan populista y decir que no hará una nueva reforma tributaria. Las arcas públicas quedarán tan mermadas que es una gran mentira decir que no va a haber otra tributaria; la gran idea debería ser un pacto por la renovación del estatuto tributario que se enfoque contra la evasión y haga más moderno el pago de impuestos, en un país en el que todos ponen, no todos piden. Está claro que se pueden bajar los impuestos para hacerlos más abultados y eficientes.