La guerra comercial de Trump sube de tono

La amenaza de una guerra comercial global es que se sabe cómo inicia, pero nunca cómo finaliza peor aún ni cuáles son los mapas futuros.

EditorialLR

Hace un par de días las principales bolsas del mundo -sin excluir ninguna estadounidense, asiática y europea- sufrieron nuevamente grandes bajas como consecuencias del pánico que se ha desatado entre los traders de casi todos los mercados secundarios causado por el bajo apetito de papeles de renta variables para inclinarse por alternativas más seguras, como los bonos del tesoro de Estados Unidos, de Alemania, además de refugiarse en materias primas como el oro y otros metales. El contexto no es diferente a uno que se ha mantenido todo el año y que tiene que ver con los constantes episodio de la guerra comercial desencadenada por el presidente Donald Trump al ponerle aranceles al aluminio y el acero, acción que generó un efecto dominó en varias economías como la China que respondieron con acciones similares, una suerte de partido de tenis en donde las bolas van y vienen esperando que uno de los dos jugadores se equivoque en la respuesta, o que la bola salga de la cancha por exceso y falta de fuerza.

La primera conclusión de este nuevo escenario comercial es que este 2018 ya cerrará en medio de estas escaramuzas, por la simple razón de que volver al escenario previo al alza de aranceles de los países en juego, tarda mucho tiempo, más de cinco o seis meses para arreglarse lo que se ha dañado. Si un país como Estados Unidos o China reversan una decisión arancelaria o la decisión se lleva a las autoridades comerciales globales, esto tardaría muchos meses para volver a la normalidad, y eso ya no sucedió en el primer semestre del año, por el contrario, las escaramuzas se multiplican y contaminan nuevos países que también mueven sus fichas, todas ellas contrarias a la economía de mercado y al libre comercio.

Un nuevo protagonista aterrizó esta semana con fuerza en la pugna comercial. El gobierno de Turquía impuso aranceles a 22 productos de los Estados Unidos en respuesta a la iniciativa aduanera al acero y el aluminio turcos, que puso Trump, una jugada que era de esperarse pues los dos metales turcos son los más exitosos en los mercados americanos, asiáticos y europeos. Son productos de primer orden para esa economía, a medio camino entre Europa y Asia y que actúa de filtro entre oriente y occidente. Turquía exporta a Estados Unidos US$1.180 millones e importa US$ 1.300 millones y con los aranceles adicionales, el país dejaría de vender US$250 millones y para compensarlo el arancel turco a productos estadounidenses está cuantificado en US$300 millones.

Las duras amenazas entre China y Estados Unidos -ahora Turquía- no parece tener buen final y suben constantemente de tono. Estados Unidos amenazó que replicará con 10% a bienes chinos equivalentes a US$200.000 millones para un total de US$450.000 millones, casi todas las importaciones desde China, si el país asiático enfrenta el tira y afloje de los aranceles y de llegar a este escenario, la guerra comercial no tendría reversa y claramente el único perdedor es China, quienes han hecho depender su economía de convertirse de la fábrica del mundo en que se convirtieron desde los años ochenta. El lío para Colombia siempre es el mismo que cuando Estados Unidos estornuda, nuestras economías emergentes se resfrían y entran en una recesión irremediable.

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