Editorial

La inversión privada regional genera desarrollo

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La región chocoana no siempre fue la más olvidada de Colombia, ahora atraviesa un punto de quiebre sobre el cual se debe construir un futuro que disminuya precariedades

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Diario La República · La inversión privada regional genera desarrollo

La historia del departamento del Chocó es digna de múltiples tesis doctorales obligadas a abordar la resistencia social, la riqueza aurífera y los modelos extractivistas colonial y republicano. No se puede pasar de largo ni dejar de resaltar que es una de las regiones más lluviosas del mundo, privilegiada por su selva tropical, paso obligado de Suramérica a Centroamérica, una olvidada zona de frontera y, por supuesto, protagonista de un profundo abandono estatal.

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Hasta 1906, la región del Chocó fue administrada desde Popayán, en el antiguo departamento del Cauca. Tras las consecuencias económicas, políticas y sociales de la Guerra de los Mil Días, pasó a ser una intendencia, y solo cobró existencia como departamento en noviembre de 1947. Medellín es la capital más cercana comercialmente a Quibdó: unos 230 km que tardan en recorrerse entre 10 y 12 horas, dependiendo de las inclemencias del tiempo. El otro camino es Pereira, capital con grandes conexiones hacia el Chocó, desde donde el trayecto puede tomar unas 6 horas. Sin embargo, la verdadera distancia con el resto del país se mide en los índices de pobreza, desempleo y precariedad.

Lo más paradójico es que una buena parte de la explotación ilegal de oro se realiza en este departamento, al igual que la maderera y, desde hace poco tiempo, la de tierras raras y cobre. Luego del terremoto del pasado agosto, todos los ojos se han posado sobre este territorio. Sus autoridades han aprovechado el momento para visibilizar el olvido deliberado al que se ha sometido a una de las regiones más estratégicas de América Latina. Ahora que un puñado de grandes empresarios ha respaldado la invitación del presidente, Abelardo de la Espriella, a visitar esta zona, la coyuntura se convierte en una gran oportunidad de progreso: un reto para que el sector productivo y el gobierno de turno paguen la deuda pendiente con los chocoanos.

Solo si el gobierno y el sector privado trabajan de la mano habrá una solución a largo plazo para este empobrecido departamento. «Obras son amores y no buenas razones», dicta el adagio popular que se ajusta como anillo al dedo a esta situación. Si realmente la administración De la Espriella quiere cambiar el rumbo de la región, debe nombrar gerentes externos para la reconstrucción, tal como las mismas autoridades locales lo solicitan. Se requiere una suerte de Plan Marshall donde se evidencien las inversiones y las obras en ejecución.

La exención de impuestos para las empresas que instalen sus inversiones en el Chocó debe ser una realidad. Para ello, es indispensable trabajar desde los colegios y universidades, de tal manera que exista el talento humano adecuado para desarrollar proyectos privados a largo plazo. El Pacífico colombiano -la región más pobre del país- necesita grandes proyectos mixtos que garanticen el crecimiento. No obstante, cabe recordar que no es la primera vez que un país centralista mira con solidaridad a estas zonas olvidadas; el problema no radica en las iniciativas, sino en hacerles seguimiento y garantizar los resultados de las inversiones. Un Plan Marshall para el Chocó no consiste en entregar donaciones a los administradores de siempre, muchos de ellos salpicados por la corrupción.

Se trata de una intervención del gobierno central que garantice que el dinero no se desvíe en elefantes blancos ni en inversiones particulares en otras ciudades, como históricamente ha sucedido.

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