La legislatura de la credibilidad

El próximo 20 de julio comienza la tercera legislatura de un Congreso que pasa por una de las peores crisis de su historia

En Colombia no se ha podido componer un 'Congreso de la República admirable' que esté compuesto por los colombianos más preparados y sensibles a los crónicos problemas nacionales, un anhelo de muchas generaciones que poco a poco se ve frustrado. Pero ante esa carencia de calidad institucional, no se puede hacer otra cosa que pedirles a los congresistas – senadores y representantes – un momento de grandeza para con su país. En pocas palabras esta legislatura debe ser la de la credibilidad o el desprestigio total.

Por más caídos que estén los congresistas con sus electores y que tengan mínimos niveles de popularidad, su polémica labor es necesaria para el país político, económico y social. No puede haber dos poderes funcionando en una suerte de cincuenta y cincuenta, tal como está sucediendo en la actualidad entre el Ejecutivo y Judicial. Todas las democracias consolidadas requieren de un poder Legislativo que estudie, que medie, que construya y que represente a todas las regiones.

Los ajustes económicos que requiere Colombia deben pasar por el Congreso, órgano del poder público que no está en tela de juicio. Una cosa es el rol de congresista y otra muy distinta el Congreso como tercera pieza de un trípode, en donde se encarna la representación de la sociedad civil región por región. La reforma tributaria estructural, la necesaria reforma educativa, la esquiva reforma agraria y la actualización de la ley de regalías, entre otras muchas iniciativas urgentes para el país, deben ser estudiadas en un Congreso compuesto por congresistas idóneos que tengan la verdadera dimensión nacional. Es cierto que lo que sucede en el Congreso de la República es el mejor reflejo de lo que está ocurriendo en la sociedad colombiana, pero está en los actualmente elegidos tener dignidad y ser superiores a las expectativas.

La legislatura que comienza el 20 de julio es definitiva para la credibilidad de este órgano de poder político y de representatividad nacional. Y no solo porque sea la del meridiano de su ejercicio, sino porque rondan voces que sugieren una revocatoria dados los constantes sucesos de escándalo en que se han visto envueltos los congresistas. La economía colombiana no está en crisis y mejor aún atraviesa por uno de sus mejores momentos a pesar de los problemas de seguridad que se han incrementado, y para consolidar el momento económico requiere del papel de un Congreso preparado que tramite las reformas por él propuestas o por iniciativa gubernamental. Es un hecho que si el Legislativo sigue cojeando, hará tambalear la institucionalidad y las buenas cifras económicas se verán afectadas por la irresponsabilidad de sus miembros.