Editorial

La nueva era de las aplicaciones de movilidad

Con la intempestiva salida de Uber y las malas cifras de las patinetas de Lime comienza una nueva era en la movilidad de las urbes colombianas en donde nada volverá a ser igual

Editorial

En pocas semanas se recordará el estallido de la primera burbuja de internet ocurrida durante la primera semana de marzo de 2001, una fecha tan dramática para el mundo corporativo como el crack del 29 o la crisis subprime de 2008. Fue una época precedida del crecimiento disparado de una burbuja que se infló hasta llegar a su punto máximo de 5.132 puntos en el índice Nasdaq. Las empresas pioneras del puntocom hicieron metástasis, pocos años después que la dinámica corporativa también hubiera dejado en el camino a las que realmente abrieron una ruta incierta como Netscape, Yahoo y MySpace, entre otras, que sufrieron ser las abanderadas de los días incipientes de la ahora llamada cuarta revolución industrial. Si empresas como Starmedia, Terra y AOL, no hubiesen cometido errores, tal vez Google, Amazon y Facebook no fueran lo que son hoy.

El punto viene a colación, porque la historia empresarial está sembrada de cadáveres corporativos a lado y lado del camino hacia el desarrollo, por lo que no hay que temer la inminente entrada en una nueva era de la movilidad en Colombia luego del intempestivo retiro de nuestro mercado de multinacionales como Uber y Lime. La herencia que deja Uber es enorme, pero será remplazada en cuestión de días pues ya sensibilizó sobre una nueva manera de hacer encontrar la oferta con la demanda en el transporte público. Para nadie es un secreto que esa compañía ha tenido muchos problemas en todos los países en los que ha entrado y que en ninguno opera sin dificultades o restricciones. Contrario a los ataques hechos al Gobierno Nacional, creemos que actuó con coherencia institucional al sancionar y cerrar dicha aplicación que logró informalizar mucho más un servicio que tenía enormes dificultades, pero que nunca volverá a ser el mismo. La esencia de Uber llegó para quedarse y lo que queda de le empresa debe apostarle a trabajar con los taxistas formales de toda Colombia prestando su plataforma, tal como lo ha hecho en otros mercados.

Se trata de un nuevo comienzo menos traumático en donde llegue verdadera inversión de los socios de esta plataforma digital, pero en las condiciones legales que el país exige. Lo mismo ocurre con Lime, una de las tantas empresas multinacionales que prestan el servicio innovador de pequeños desplazamientos en patinetas; actividad que tampoco está reglamentada pero que de la cual se han apropiado las nuevas generaciones que concentran la solución a todas sus necesidades desde un teléfono inteligente. El tercer protagonista de esta temporada de necesaria regulación es Picap, un emprendimiento colombiano que se concentró en la movilidad desde las motocicletas, con todos los riesgos que eso representa, pero que en el fondo diseñó un “Uber para mototaxistas”, interpretando una realidad que las autoridades no han podido poner en orden por el exceso de tacto político en ciudades caotizadas como Cali, Popayán, Sincelejo o Cartagena.

No es el apocalipsis que Uber y Lime se vayan y que Picap sea obligada a reformarse, es sólo el comienzo de una nueva era más formal en donde las empresas que vengan a prestar esos servicios lo hagan con todas las de la ley. Ante todo, el país debe trabajar más por la institucionalidad perdida. Ojalá llegue pronto la norma para otras aplicaciones que se enriquecen trabajando al borde de la norma. Recordar que todo lo legal no es ético.

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