Editorial

La nueva generación de impuestos verdes

Gráfico LR

Si el FMI apura los impuestos verdes, tal como lo viene haciendo, es un hecho que las nuevas reformas tributarias tendrán destinación específica con más carga a las empresas

Editorial

A la vuelta de la esquina hay una nueva carga tributaria para las empresas que se alista a desembarcar, esta vez con nuevos argumentos. Ahora, el eufemismo será: impuestos verdes. El Fondo Monetario Internacional, FMI, ya está hablando en la prensa especializada que los “gravámenes al carbono o ‘carbon pricing’, serán el instrumento central dentro de la estrategia para descarbonizar la economía.

La banca multilateral de mayor influencia en los países desarrollados ha planteado que “los impuestos al carbono son necesarios, pero que, por sí solos, no son suficientes y deben ir acompañados de incentivos, subsidios verdes y estándares regulatorios más ambiciosos. Y que dichas ayudas deberán estar bien planificadas e implementadas para evitar distorsiones indeseadas al comercio y carreras de subsidios entre estados”.

Pero la conclusión más temeraria de un documento liberado esta semana por el FMI es que “afrontar el cambio climático requerirá de una transformación económica radical, que comportará costos y beneficios desiguales para empresas, regiones y países”.

Es pura y dura demagogia multilateral que lanza argumentos que soplan en todos los rincones del mundo sin tener en cuenta el nivel de desarrollo de los países ni descuenta el papel del sector productivo en los mercados emergentes.

Dicho de otra manera, primero eran los impuestos para estabilizar las economías más endeudadas, luego vinieron los impuestos para solventar los objetivos del milenio, posteriormente los que financiaran la pandemia o el desarrollo de los países más rezagados, ahora el cuento está en los impuestos verdes que deberán pagar las empresas en los países que quieran copiar al pie de la letra las recomendaciones de la banca multilateral; el punto crítico es hasta dónde aguantarán los mismos con las mismas pagando cada vez más.

En el caso colombiano, la carga tributaria para las empresas es de las más altas de las 40 economías de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Ocde, y el Estado no ha hecho esfuerzos para ampliar la base tributaria, de tal manera que los impuestos, cualquiera que sea el eufemismo, no se ensañen con las empresas y los empleados nominales que cargan con más de la mitad del recaudo.

Una nueva generación de impuestos avalados por la banca multilateral, esta vez para atajar los impactos de la contaminación en todo el mundo, puede ser la estocada final para muchas empresas que no aguantan más acoso tributario y seguramente se verán obligadas a entregar su patrimonio a los Estados alcabaleros que no sepan medir el clima de generación de nuevos empleos formales, el pago de impuestos y las inversiones en innovación y desarrollo de sus empresas.

Es muy peligroso que los sistemas tributarios de los mercados emergentes copien estas recomendaciones sin analizar las consecuencias y que pueden destruir al sector productivo. Los impuestos verdes son necesarios, viables y urgentes, en algunos lugares pero con previas compensaciones y equilibrios.

Las grandes empresas de tecnología que estrictamente no tienen casa matriz y que arrastran una enorme huella de carbono, sí deben ser objeto de estos nuevos impuestos, pero pequeñas factorías que exportan su producido con muy bajos márgenes y que generan más empleo local que dichas grandes corporaciones, no deben cargarse con más tributos. Debe haber siempre un doble análisis en estas nuevas ideas tributarias.

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