La nueva piel de las empresas multilatinas
jueves, 12 de marzo de 2026
Por ahora hay un puñado de empresas latinoamericanas invirtiendo en Estados Unidos, atraídas por lo que representa el poder del consumo del inmigrante, una tendencia interesante
Editorial
El término multilatina empezó a popularizarse a comienzos de los años 2000 para describir a las empresas latinoamericanas que lograban expandirse más allá de sus fronteras cercanas y operar como multinacionales dentro del vecindario. La idea reflejaba un cambio estructural: por primera vez compañías nacidas en economías emergentes de América Latina empezaban a competir y a invertir en otros países del continente, redibujando el mapa empresarial regional.
Esta tendencia coincidió con una intención de integración económica bajo el paraguas de la Alianza del Pacífico -creada en 2011 por Chile, Colombia, México y Perú- buscaban facilitar la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas entre economías abiertas y orientadas al comercio global. En paralelo, los mercados financieros comenzaron a integrarse bajo el sueño del Mercado Integrado Latinoamericano que en 2010 unificó parcialmente las bolsas de Chile, Colombia y Perú -a las que luego se sumó México- para ampliar el acceso al capital y crear un mercado regional de acciones. En ese contexto, la expansión empresarial dejó de responder únicamente a la lógica de los Estados o los acuerdos comerciales.
Fueron las propias compañías -desde bancos hasta retailers- las que empezaron a conectar economías, cadenas de valor y mercados de capitales, configurando una nueva geografía corporativa en América Latina. Hoy está emergiendo una segunda generación de multilatinas, nacidas digitales y con una lógica de expansión distinta. Nubank es quizá el ejemplo más visible de ese cambio. El neobanco representa una evolución del concepto de multilatina: en lugar de expandirse mediante adquisiciones físicas o redes bancarias tradicionales, lo hace sobre infraestructura digital, lo que le permite escalar rápidamente en varios países con costos mucho menores.
A diferencia de las multilatinas clásicas -como grupos industriales, cementeros o retailers- Nubank es regional desde su arquitectura tecnológica, lo que facilita replicar su modelo en mercados con sistemas financieros similares. Su crecimiento sigue una lógica distinta: primero consolidó una posición dominante en Brasil y luego replicó el modelo en México y Colombia, dos mercados con alta población no bancarizada. El enfoque en inclusión financiera también marca una diferencia. Gran parte de su base de clientes corresponde a usuarios que nunca habían tenido acceso al sistema bancario tradicional, lo que amplía el tamaño del mercado en lugar de competir solo por los clientes existentes.
Nubank también redefine el tipo de empresa que lidera la internacionalización regional: más que un banco tradicional, funciona como una plataforma tecnológica de servicios financieros, con productos que se distribuyen digitalmente en distintos países. En ese sentido, encarna una nueva fase del capitalismo latinoamericano: multilatinas que nacen globales, digitales y centradas en datos, capaces de expandirse más rápido que las corporaciones regionales de generaciones anteriores. Si las primeras multilatinas ayudaron a integrar mercados en América Latina a través de la inversión física, empresas como Nubank están empezando a hacerlo a través de plataformas digitales y servicios financieros regionales.
La avalancha de remesas llegadas a la región desde mercados como Estados Unidos, Canadá, España o Chile, están señalando el camino de nuevos emprendimientos, no solo en el sector financiero, sino en el de servicios muy enfocados a facilitar el tráfico de capitales, montos millonarios de dinero que no tenían muchas alternativas para unir generadores con beneficiarios que ahora son cuentahabientes; las remesas, la desmaterialización del dinero, los sistemas de pago conectados globalmente, están marcando una nueva economía que es la piedra angular del futuro.