La paradoja económica y política de Perú
sábado, 11 de octubre de 2025
El cargo de presidente en Perú es de alta rotación -siete en 14 años- drama político que contrasta con el ritmo de la economía que se sostiene sin mayores traumatismos
Editorial
La presidenta peruana Dina Boluarte ha sido separada de su cargo por el Congreso de la República por incapacidad moral, un delito que ha defenestrado a los últimos peruanos que han ocupado ese cargo, siete en la última década, convirtiéndose en el país con más presidentes en los últimos años, inestabilidad política que contrasta con las cifras económicas que siguen un curso normal, aparentando tranquilidad en medio del frenesí político, en un país de 34 millones de habitantes, enfocado en las exportaciones de productos mineros y agropecuarios, al tiempo que se ha convertido en uno de los principales socios de las corporaciones chinas que tienen en Perú importantes inversiones en extracción de minerales, energía, construcción, transporte marítimo, automotores y nuevas tecnologías.
Es como si los peruanos se hubiesen volcado a experimentar su política interna como un divertimento social masivo, muy parecido al fútbol, mientras la economía es regida por el gigante asiático, cuyas empresas son líderes en casi todos los segmentos económicos.
Las empresas chinas registradas en Perú pueden superar 250, la inversión extranjera directa se concentra principalmente en explotación de cobre, oro, litio, coltán y tierras raras. Desde 1998 hasta el año pasado, el comercio entre China y Perú ha crecido de manera sostenida a 20% en promedio convirtiéndose, proporcionalmente, en el socio más estratégico, por encima de Brasil y Chile, países en donde China también ha crecido sus intereses.
La otra explicación de por qué la economía peruana va por un lado y la política por otro, es la independencia de la banca central que ha evitado episodios ya vividos de deuda externa y manejo de tasas. El Banco Central de la Reserva del Perú es la entidad rectora de la estabilidad monetaria y manejada desde 2006 por Julio Velarde, el economista más influyente de Perú que ha sido ratificado por todos los presidentes desde entonces; es decir, la rotación presidencial y el desgreño del Congreso peruano ha logrado que los políticos no le pongan mucho cuidado a la economía monitoreada por Velarde y dinamizada por las empresas chinas, lo que ha generado una efectividad sin precedentes en la historia del vecino país que mantiene un crecimiento sostenido superior a 3%, una inflación cercana a 2%, una revaluación del sol peruano, bajo desempleo no superior a 7% y un notable aumento de las exportaciones per cápita.
Pero lo que más ha blindado el modelo económico peruano de la rotación presidencial es que la Constitución prohíbe que los contratos firmados sean modificados por leyes futuras, facilitándoles a las empresas extranjeras trabajar a largo plazo y atraer nuevas inversiones.
Es muy interesante el modelo que se ha establecido en uno de los países más ricos en recursos minero-energéticos en la región e indiscutible ancla de las inversiones chinas en América Latina, sin duda, es todo un mecanismo económico al que no le importa cuántos presidentes haya en un año ni cuántos escándalos se den en un Congreso marcado por la pugnacidad, el populismo y la corrupción.
Casi sin darse cuenta, los peruanos escogieron o terminaron en medio de un camino económico que les está funcionando en la reducción de la pobreza, pero muy criticable en términos de Estado y de ciencia política.