Editorial

La verdadera revolución al pico y placa

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La Alcaldía de Bogotá está liderando una revolución en el problema del pico y placa que debe tener repercusiones en las finanzas de las ciudades que le sigan un cuento disruptivo

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Diario La República · La verdadera revolución al pico y placa

Es de Perogrullo: en las ciudades -hoy atestadas de vehículos- deberían tener prioridad de circulación los carros y sus propietarios que pagan impuestos de rodamiento y semaforización donde ruedan. Es incomprensible, por ejemplo, que las volquetas, camiones, buses, taxis y carros de servicios especiales paguen impuestos en pueblos y ciudades distintas a donde trabajan. No solo usan, generan tráfico, deterioran las calles, sino que no pagan por su mantenimiento que le cuesta mucho dinero a las alcaldías e impuestos a los ciudadanos.

Está mal que una persona matricule un carro en una ciudad en la que no vive, es toda una elusión de impuestos y falta de civismo que debe frenarse para contribuir con la solución al problema de los atascos, trancones o tacos de tráfico automotor. La Alcaldía de Bogotá ya dio el primer paso y le prohibirá en determinados horarios la circulación a carros que no estén matriculados en el Distrito Capital, una solución creativa y que será un efecto dominó para otras ciudades.

En ciudades como Medellín, en donde disfrutan de un Área Metropolitana de casi una docena de municipios, hay una sola autoridad de tránsito y ambiental. Esta unificación facilita soluciones como poner en cintura a los carros con placa de otras ciudades, que sí residen en el Área, pues deberán pagar los impuestos en donde circulan, pero sino -pueden ser turistas- deberán someterse a las inclemencias de los pico y placa. Sucede en Barranquilla que el grueso de los vehículos de carga pesada, concreteras y de basura, están matriculados en otros departamentos, y circulan sin Dios y sin ley destruyendo la malla vial y pagando impuestos en otra parte; una ciudad que ya había advertido sobre el problema.

Es tan ilógico, que hay ciudades en las que los buses urbanos no tienen matrículas de donde trabajan. La buena idea del alcalde Carlos Fernando Galán debe tomarse en serio y obligar a las autoridades de tránsito nacionales a rediseñar el sistema de pago de impuestos de semaforización, tránsito y matrículas. Ya se cuenta con los avances tecnológicos para ordenar el parque automotor nacional que puede superar los 20 millones de vehículos, casi todos matriculados en lugares en los que no ruedan.

Ese avance llevará a pensar en nuevas formas de movilizarse, en los peajes, en el cobro de la sobretasa a la gasolina regional o municipal, al tiempo que obligará al Ministerio de Transporte y la Agencia Nacional de Tránsito a modernizar todos sus procesos. Las autoridades deben estudiar cómo está organizado en otros países en donde no existen restricciones como la colombiana del pico y placa, que desincentiva la compra de carros y sanciona a las personas que pagan por el bienestar de disfrutar su carro los 365 días del año.

La revolución a la movilidad nace de esas ideas como la que ha comenzado Bogotá, que dicho sea de paso, ha sido la que puso de moda el nefasto pico y placa, como la única alternativa al boom de los automotores y la poca construcción de nuevas calles. Estamos en medio de la cuarta revolución industrial y la tecnología, que debe usarse para solucionar este tipo de problemas; las placas de los vehículos (sus números, letras y procedencia) son accesorios determinantes para ayudar a organizar el caótico transporte colombiano. Incluso, la idea tiene una amplia aplicación en materia de seguridad y trazabilidad de los recorridos de los carros. Colombia debe entrar al siglo XXI.

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