Las cinco pistas tras la movida ministerial

El Presidente está gobernando sin sombras tras su poder y está en todo el derecho de reacomodar su gabinete

Los dos periodos administrativos consecutivos del ex presidente Álvaro Uribe (2002 – 2010) le dejaron al país muchas cosas buenas y varios cambios estructurales que robustecieron la economía y la seguridad en particular, pero también dejó pesados lastres que hoy tienen a Colombia en un profundo subdesarrollo en frentes tan neurálgicos como agro, infraestructura, salud y educación, entre los más preocupantes. Pero uno de los mayores errores que cometió el ex mandatario fue aferrarse a sus escuderos y el perfil de los funcionarios que lo rodearon durante ocho años y que hoy lo tienen en enredos políticos, jurídicos y de popularidad. El más grotesco fue respaldar a ineficientes ministros en carteras claves en contra de todas las críticas y las crisis como sucedió en Transporte, Protección Social y Agricultura.

Nuestro Presidente actual no administra de esa manera y está en el derecho de cambiar a sus funcionarios cuando quiera por el bien del país y su concepción de gobierno, y lo que hizo la noche del pasado miércoles es una verdadera jugada política que encierra varias razones.

1. Cortar por lo sano. Santos no permitió que los escándalos éticos del recién nombrado ministro de Transporte, Miguel Peñaloza, profundizaran la crisis que tiene el sector de la infraestructura que es una de las locomotoras del desarrollo. Relevarlo de esa cartera era darle gusto a la prensa que lo denunció y seguir derramando su poca popularidad.

2. Ministros en mangas de camisa. Está claro que Santos se equivocó con el nombramiento del ministro del Interior, Federico Renjifo, quien ha demostrado no tener la talla para solucionar problemas en la provincia y mucho menos manejar los tinglados en el Congreso.

3. Mix entre tecnócratas y policratas. El Presidente es ahora consciente que se debe gobernar con expertos en la academia, pero que tengan experiencia en la micropolítica. El país pide a gritos menos anuncios y más realidades y para lograrlo debe podar a muchos altos consejeros que no le llegan a la gente y que no conectan en las regiones.

4. En el Congreso está la clave. El gabinete de Santos que presentó la renuncia protocolaria es un verdadero coleccionista de fracasos legislativos, incluso antes de llegar a los debates. La reforma a la Ley 30, la reforma a la justicia y la frustrada reforma tributaria, son solo algunos ejemplos que demuestran la necesidad de ‘animales políticos’ en el Ejecutivo.

5. A la luz de seis años. El proyecto de Juan Manuel Santos para Colombia se empieza a configurar para los próximos seis años, por ello debe armar un equipo que no se quede corto frente a ese reto que tendrá la lógica oposición política.

En últimas, está bien el cambio en los ministerios y en las altas consejerías, mientras sea para mejorar.