Las elecciones en el vecindario

En la región pocos países son el mercado primario para sus vecinos, pero la estabilidad política sí depende de un entorno sano

EditorialLR

América Latina está cambiando sus presidentes. Hay que partir de que Argentina y Chile ya hicieron el cambio presidencial hace bastante tiempo y que sus mandatarios, Macri y Piñera, le han puesto una impronta distinta al rumbo de sus países, otrora dominados por líneas populistas y socialistas. El pasado 19 de abril, el Partido Comunista cubano eligió como sucesor de Raúl Castro a Miguel Díaz-Canel, en una suerte de heredaje señalado y de continuación del desmonte definitivo de la última parcela comunista en la región. El 22 de abril pasado, el turno fue para Paraguay en donde el Partido Colorado puso a Mario Abdo, en una renovación a medias en uno de los países que más crece en América Latina. El domingo anterior, el 20 de mayo, en una pantomima democrática fue reelecto, Nicolás Maduro, en Venezuela, toda una maldición para el vecino país que solo en dos días recogió el rechazo de varios países de la Unión Europea, de otro tanto de latinoamericanos, pero lo más grave, sumó peligrosas sanciones económicas de Estados Unidos, que seguramente sofocarán al desprestigiado e ineficaz modelo económico heredado del fallido socialismo del siglo XXI.

Se vienen las elecciones de México el primero de julio, en donde el populismo socialista avanza a pasos agigantados, agitado por el nacionalismo que despierta cada acción de Trump en contra de la economía mexicana, como es incentivar a las empresas afincadas en el país azteca para que regresen a territorio americano. El 7 de octubre del año en curso, habrá elecciones municipales y regionales en Perú, suceso que redireccionará el panorama político del país fronterizo de Colombia que vive un auténtico limbo presidencial luego de la obligada renuncia de Pedro Pablo Kuczynski por la trama de Odebrecht. Y ese mismo 7 de octubre habrá elecciones presidenciales y regionales en Brasil, país sacudido por crisis políticas, corrupción que cabalga y mal comportamiento económico. El gran país del continente suramericano nunca logró desplazar a EE.UU. y México como mercado natural de sus vecinos, que siguen apuntando de manera segura a mercados como el norteamericano y el asiático.

Justo este es el gran problema de la región: que ningún país dependa comercialmente de su vecino o tenga en la frontera inmediata su mercado natural de gran impacto en la economía. Chile, Brasil y Argentina tienen en China su primer mercado gracias a las exportaciones de materias primas que determinan el rumbo de sus economías. Es decir, cuando en China sube la temperatura, estos países se resfrían. México, Perú y Colombia viven una realidad gemela con lo que sucede en Estados Unidos y cada movimiento empresarial o financiero del motor de la economía mundial, tiene profundas repercusiones en las economías domésticas de la Alianza del Pacífico.

Desde hace varios años, casi desde comienzos del nuevo milenio o la entrada del siglo XXI, lo que pase en Venezuela no tiene ningún impacto en la economía colombiana, una tristeza, pues llegamos a tener un fluido intercambio comercial que hacía de la frontera una zona comercial muy animada, pero que se fue al traste por los errores en el modelo político. Colombia ya no depende de Venezuela a pesar de que fue su primer mercado natural, pero las próximas elecciones presidenciales locales de esté próximo domingo, sí son determinantes para el futuro de la región. El país político y social debe mirar el rumbo del vecindario para también ponderar hacia dónde queremos seguir caminando como país y en qué socios debemos confiar como modelo económico.

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