“Las guerras comerciales, fáciles de ganar”

Trump firmó aranceles a productos chinos en una medida que podría arreciar el conflicto comercial entre las dos mayores economías del mundo

EditorialLR

A comienzo de marzo de este año, el presidente estadounidense, Donald Trump, escribió en su cuenta de Twitter que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, en una suerte de palabras que defendían los aranceles a las importaciones de acero y aluminio. De ese hecho, hasta ahora han pasado poco más de 20 días y las “acciones bélicas comerciales” aumentan a una rapidez asustadora.

Ahora ha ordenando más aranceles a los productos chinos en una medida que podría intensificar o arreciar un conflicto comercial entre las dos mayores economías del mundo: China y Estados Unidos, ante los ojos expectantes de el resto de países asiáticos y la vieja Europa. Trump impondrá aranceles valorados en más de US$50.000 millones en importaciones chinas, una jugada que elevará los preciso en Estados Unidos y que beneficiará a su producción local que lleva años quejándose del dumping y del poco respeto por las condiciones laborales en el gigante asiático, que si bien se convirtió en la fábrica del mundo, no ha podido acelerar las normas laborales que respeten el ambiente y las personas.

Antes de que termine abril el gobierno estadounidense presentará una lista de productos que enfrentarán tarifas más altas para equilibrar los sistema de producción entre los dos países. A la polémica acción comercial se suman otras palabras del Presidente en el sentido de que “tenemos una tremenda situación de robo de propiedad intelectual con China que afecta a cientos de miles de millones de dólares en comercio cada año”. En la historia reciente nunca se había visto un primer mandatario con tal decisión diplomática para poner en su sitio los deficientes sistemas de producción de China que han destruido la producción local en varios países del mundo con bajos precios. “Cuando un país como Estados Unidos está perdiendo miles de millones de dólares en comercio con cada país con el que hace negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, una sentencia que ha dividido a los empresarios estadounidenses, quienes ven con buenos ojos la estrategia, pero la condenan desde la óptica de quienes tienen factorías en China, como son casi todas las empresas de primer nivel tecnológico.

Hasta ahora, lo cierto es que hay en el horno una guerra comercial en gestación que podría arruinar la amplia recuperación mundial que se venía sosteniendo desde hace más de un lustro. Desde su alocución, las acciones de las principales empresas de Estados Unidos cayeron y provocaron un cierre en rojo durante esta la penúltima semana del primer trimestre del año. Compañías como Walmart, Amazon y Apple dicen que los aranceles de Estados Unidos hacia las manufacturas chinas podrían aumentar los precios para los consumidores y perjudicar los precios de las acciones, una situación que a la postre nadie quiere.

El contexto económico mundial está enrarecido, pero deja muchas enseñanzas: la primera es que hay una ola de proteccionismo que nace en los mismos países que promulgaban la globalización a cuatro vientos; la segunda situación que se desprende de la eventual guerra comercial entre Estados Unidos y China tiene que ver con el reordenamiento de las importaciones agropecuarias que terminará afectando a países como el nuestro, y la tercera, la más contundente es que un nuevo orden económico puede estar empezando a mostrar sus orejas.

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