Las guerras siempre tocan a la puerta

Hoy comenzó la guerra comercial entre China y Estados Unidos, una pugna que se ve muy lejos, pero que trae cambios profundos que tocarán a Colombia

EditorialLR

Varios meses han transcurrido desde cuando Estados Unidos amenazó a China y otros países con ponerle aranceles a muchos productos, bajo el grito de guerra comercial de Donald Trump “America first”; una pelea mal cazada pues están involucradas algunas de las mayores economías mundiales: China, Canadá y la Unión Europea. Esa amenaza pasó la noche anterior, de las palabras a los hechos reales, y el incremento de aranceles a bienes chinos está desde hoy vigente en los mercados. Lo más seguro es que el gigante asiático tomará represalias inmediatas contra bienes estadounidenses y a lo que Trump responderá con más progresivas hasta superar los US$450.000 millones en bienes y servicios, monto que ha sido mencionado en varias oportunidades por la Casa Blanca. Las solas amenazas ya han afectado la economía global que entra en un estado de incertidumbre sin precedentes en los últimos años, así Estados Unidos muestre las mejores cifras internas de su economía, nada tiene ganado para los próximos 24 meses. Es cierto que “tal vez, la economía esté mejor que nunca”, pero nadie apuesta a que esta situación dure en el tiempo.

Del episodio por el acero y el aluminio, la guerra comercial va a escalar a otras importaciones, como las automotrices, puerta por la cual este conflicto -el primero del siglo XXI- entrará a los mercados emergentes como Colombia. Todas las empresas fabricantes de automóviles, sector dominado por Europa, China, Corea del Sur e India, temen represalias contra las exportaciones desde Estados Unidos y están reordenando sus operaciones en todo el mundo. No se puede perder de vista que el Presidente de Estados Unidos es un empresario muy exitoso y ha decidido de cara al mundo proteger las compañías americanas de su competencia para que vuelvan a ser competitivas.

Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, se ha referido al tema y a dicho claramente que “el ciclo del ojo por ojo y las represalias tendrá perdedores de los dos lados. Hay varias de las justificaciones de motivos de este conflicto que vale la pena mirar con detalle; uno es la protección a ultranza de las empresas locales, algo que puede convertirse en política de Estado de varios países desarrollados, y dos, el ataque frentero a los problemas cada vez más frecuentes de piratería, uso de marcas y otros pecados corporativos que han hecho de China un gigante. Nadie puede ocultar que el gigante asiático compite en el mundo moderno con base en salarios de miseria, trabajos forzados en las cárceles e irrespeto al uso de patentes, lo que Trump ha llamado sin sonrojarse “robo permanente de tecnología”. Los chinos gravarán en las próximas semanas productos alimenticios y agrícolas de empresas norteamericanas. Si el proteccionismo se convierte en el pan de cada día en la agenda comercial de los países, los precios de muchos bienes y servicios se van a disparar y las cadenas de distribución internacionales de varias industrias como la agrícola y la automotriz se van a dañar irremediablemente. El Presidente de Estados Unidos entrará en su tercer año de mandato con una economía local radiante y con algo en mente para luchar por su reelección: primero lo primero, “antes de arreglar algunos de los peores y más injustos acuerdos de comercio que un país haya hecho jamás”.

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