Las medallas olímpicas no son sólo suerte

Si Colombia quiere hacer marca país debe “aportarle” a sus deportistas, no sólo esperar golpes de suerte aislados

Los analistas de Goldman Sachs y PriceWaterhouseCoopers se dieron a la tarea de desarrollar modelos matemáticos para predecir cuántas medallas puede conseguir un país con base en su población, Producto Interno Bruto (PIB) per cápita y en algunos casos, su historia política. Y el modelo no se equivoca en términos generales, aunque siempre queda un margen de error que tiene que ver con golpes de suerte y sobre todo la entereza que le ponen los deportistas en el momento de la competencia.

Ahora que estamos en tiempos de juegos olímpicos y que todas las conversaciones tienen que ver con el desempeño de los deportistas en más de una veintena de disciplinas, en las que se enfrentan atletas de unos 140 países, surge la obligada pregunta por qué ellos sí y nosotros no. Según las dos multinacionales del sector financiero, el PIB de los países participantes es importante para determinar su éxito o al menos el margen de fracaso. Sin embargo, se pudiera pensar que si solo influyera este factor, la primera posición sería indudablemente para Luxemburgo, pero no sucede de esta manera.

En los estudios matemáticos se tienen en cuenta parámetros como la población, el desempeño histórico, número de medallas ganadas y se miran en detalle sus Calificaciones del Entorno de Crecimiento (GES), por sus siglas en ingles. Para el caso específico de Colombia, Goldman Sachs predice que deberá ganarse al menos tres medallas en esta ocasión, una más que en 2008. y entre estas deberá haber una de oro. Este calculado se obtiene basado en los resultados en participaciones anteriores, índice GES (4,9) y su población. Colombia hizo una inversión de mas o menos $10.500 millones en dos años. Un país como Venezuela, por ejemplo, le invierte US$30 millones y países como Estados Unidos le destina al menos US$100 millones. La proporción del presupuesto colombiano es del 10% de los países industrializados.

Si vamos atrás, en los tiempos de la Guerra Fría o cuando se boicotearon los juegos olímpicos, vemos que los países occidentales invertían millones de dólares para enfrentar las delegaciones de la Cortina de Hierro, caracterizadas no solo por formar atletas de alta competencia, sino por generar disciplina y orgullo nacionalista que incluso trascendía las inversiones de sus gobiernos. Además de dinero, es cuestión de formación y de nacionalismo. El Gobierno colombiano no solo debe seguir “apostándole” a los humildes deportistas que se labran solo con ‘berraquera’ criolla; debe ir más allá y “aportarles” formación deportiva, intelectual, satisfacer sus necesidades básicas para que puedan hacer marca país.

No esperemos más medallas, si no hay una plan integral que refleje nuestro desarrollo como Nación.