Editorial
Lo bueno, lo malo y lo feo de ir al FMI
martes, 29 de septiembre de 2026
Está cantado: Colombia tiene que acudir a un programa con el Fondo Monetario Internacional, antes de que sea muy tarde y la economía entre en una crisis profunda
Editorial
A la opinión pública el único ruido que le preocupa son los episodios de corrupción, el desgreño administrativo y la falta de ejecución de la administración pasada. Sin embargo, lo verdaderamente importante se experimenta al interior del Ministerio de Hacienda, cuyas cifras reflejan un déficit fiscal igual o peor al vivido durante la pandemia. Debe existir suficiente sensibilización y comunicación para delatar que la economía colombiana no pasa por un buen momento. Esto se debe a que el Gobierno Nacional anterior gastó más de lo que ingresaba y se comprometió con vigencias futuras en ayudas y subsidios que hoy absorben una buena parte del presupuesto.
Además, endeudó al país a altas tasas de interés con la banca multilateral, una situación insostenible para la presente administración. Por lo tanto, es imperativo renegociar las deudas y solicitar a los expertos de la banca multilateral un programa de acompañamiento para estructurar una reforma tributaria que enfrente la elusión, la evasión de impuestos y las crónicas y desequilibradas cargas contributivas en Colombia. Un programa de ajuste con el FMI no es otra cosa que refinanciar deudas, adquirir compromisos, diseñar un cronograma de acciones y soportar las críticas de la izquierda latinoamericana, que suele acusar a la banca multilateral de ser un grupo de “vampiros financieros”; el mismo panorama que ha experimentado Argentina durante décadas.
Las cosas en Colombia deben ser de otra manera: se requiere adoptar un programa flexible y acelerar las inversiones en minas, en el sector petrolero y en grandes obras de infraestructura que dinamicen la economía.
De este modo, se podría dar un salto en el PIB de los US$600.000 millones a los US$800.000 millones en menos de un lustro, gracias a un programa de reconversión de la deuda y al respaldo a la inversión extranjera.
Todo esto es viable si existe voluntad política, respaldo del sector productivo y un compromiso en el que todos aporten. Aunque el programa con el FMI tiene serias consecuencias en la tasa de cambio, los bonos del tesoro, los impuestos y la pugnacidad política interna, también envía un mensaje de certeza a los inversionistas de que se camina en la dirección correcta.
Todo esto es viable si existe voluntad política, respaldo del sector productivo y un compromiso en el que todos aporten. Aunque el programa con el FMI tiene serias consecuencias en la tasa de cambio, los bonos del tesoro, los impuestos y la pugnacidad política interna, también envía un mensaje de certeza a los inversionistas de que se camina en la dirección correcta.
Lo complejo de destapar la carta de un rescate con la banca multilateral es que el gobierno de derecha, en cabeza de Abelardo de la Espriella, muerde el anzuelo que le dejó su antecesor, Gustavo Petro, con unas finanzas públicas maltrechas. Una vez la administración nacional avance en el programa mencionado por el presidente, la oposición lo utilizará como caballito de batalla electoral para las próximas elecciones regionales.
Esta narrativa madurará a medida que avancen las acciones requeridas por el FMI, entre las cuales figurará indiscutiblemente una reforma tributaria, siempre dolorosa para los empresarios y los empleados formales, quienes son los más perjudicados por los malos gobiernos.
Si el gobierno, que la próxima semana cumple 60 días en el poder, mantiene su actual credibilidad y buena imagen, acudir a dicho programa no será tan difícil; la clave estará en que sepa explicar y comunicar que estas medidas son consecuencia directa de la mediocridad de la administración pasada.
El programa con el FMI es el único camino responsable para que Colombia reduzca el déficit fiscal, recupere el grado de inversión y mantenga la esperanza real de no caer en la misma crisis de Argentina.