Editorial

Lo importante no es quejarse, es producir más

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El gobierno cumple su primer mes al frente de la administración central, el tiempo del empalme y los libros blancos va pasando, lo importante ahora es hacer que la economía crezca

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Diario La República · Lo importante no es quejarse, es producir más

La historia dicta que todo gobierno de cuatro años tarda los primeros 100 días en organizar los cargos clave para administrar durante el primer o segundo año, a lo que comúnmente se le llama la luna de miel, que esta vez han pasado desapercibidos los primeros 30 días de arranque, por la preocupación nacional e internacional sobre los estragos ocasionados por el terremoto sucedido pocos días después de la posesión.

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Además, la administración entrante ha sido muy hábil en identificar los problemas más grotescos del gobierno anterior, como son el desorden, la baja ejecución, el escaso conocimiento técnico, y lo más importante, los crecientes brotes de corrupción. El tercer cuatrimestre del año siempre es bueno para el crecimiento de la economía; para nadie es un secreto que los valores fundamentales donde se apalanca dicho fortalecimiento tienen que ver con el consumo, que se va incrementando en la medida que pasan los días y llega a su pico durante las fiestas de fin de año.

El mes que arranca no tiene ningún festivo, lo que se convierte en un verdadero pilar para hacer que la economía acelere, a lo que se suman los puentes y festivos de los meses siguientes de octubre, noviembre y diciembre. El último cuatrimestre siempre es el mejor porque también es donde ocurre la cosecha cafetera más importante, que se siente en la inmensa mayoría de los municipios que derivan su sustento del grano. Y si al ambiente de consumo, de cosecha cafetera y de fin de año se le suma un optimismo generalizado por el cambio de gobierno, las cosas empiezan a enderezarse; seguramente, el optimismo empujará a la incertidumbre a otro lugar y la economía quizá crezca muy cerca de 3%.

Se le abona a la administración central que está siendo eficaz en golpear la delincuencia que se había fortalecido en muchas regiones y que aparentaba controlar muchos municipios. Esto también pone en evidencia que los grupos ilegales no son tan poderosos como se hacían ver en el gobierno anterior; todos ellos en búsqueda de acuerdos con la administración central y la justicia, con el objetivo de que sus riquezas acumuladas en actividades ilícitas se blanquearan en la economía formal.

En este primer mes de gobierno, la constante en todo el territorio nacional ha sido el golpe permanente a la delincuencia, uno de los mayores reclamos de la sociedad civil y el problema más grande para atraer inversionistas a lugares que necesitan formalizarse y, por consiguiente, gozar de inversiones públicas y del sector productivo que haga apuestas más allá de las grandes capitales.

Si los siguientes, poco más de 60 días, tienen un mayor ritmo de autoridad y de institucionalidad, los primeros 100 días serán los mejores de cualquier gobierno reciente; los ministerios de Hacienda e Interior han sabido manejar hasta ahora el Congreso, y la crítica transaccional entre el legislativo y el ejecutivo parece ser parte de la historia pasada; la decisión de descartar una reforma tributaria que cargara de impuestos a las empresas y a los empleados formales es un acierto; esto se deriva de que el presupuesto general de la nación para el próximo año tiene los mismos ingresos corrientes que este que termina, lo que genera una tranquilidad de que los recursos saldrán de los necesarios ajustes de cuentas y del ahorro en la burocracia instalada.

Ojalá los funcionarios recién instalados no sean inferiores al reto de construir un país mejor y en pleno crecimiento que lleve al PIB a los US$600.000 millones.

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