Lo que vemos y sentimos, el mejor balance

Las buenas cifras económicas no ocultan el grave deterioro de la seguridad, factor que termina afectando la economía.

Es una realidad que el país económico atraviesa por el mejor momento de la historia reciente; que las relaciones internacionales de Colombia con sus vecinos y con otros países marchan mejor que nunca y que hay docenas de iniciativas políticas en el Congreso trascendentales para el futuro. Pero nada de eso ha logrado ocultar que el orden público no está bien y que no solo la percepción y la realidad de la inseguridad crece diariamente, ambas situaciones que puede echar al traste los buenos resultados macroeconómicos.En pocas palabras: `lo que se ve y se siente es el mejor balance` que los colombianos pueden tener de la gestión gubernamental en el primer año y medio de la administración Santos. Al comienzo alabamos la actitud del Gobierno Nacional al cambiar el discurso de seguridad para comenzar a hablar de prosperidad y desarrollo, pero tal vez fue prematuro ese cambio radical, dado que es evidente de que la seguridad no se había afianzado como creíamos. No podemos construir una prosperidad sólida entre ataques guerrilleros, carros bombas, retenes ilegales y demás acciones guerrilleras que atemorizan a la población civil. Las llamadas bandas criminales fueron una herencia que no se había sopesado en los planes de seguridad del Gobierno y que hoy tienen contra las cuerdas a varios mandatarios regionales.El Gobierno Nacional debe ser consciente de que no son sólidos los partes de victoria sobre el desempleo si existen antagonismos tan marcados en el número de personas buscando trabajo en Bogotá y Popayán. Que el crecimiento puede estar en la media iberoamericana, pero que si este no genera empleos formales será un simple registro importante para los anales económicos y para las cifras de la banca multilateral. El crecimiento es un tarea que debe redondearse con la generación de trabajo y el consecuente bienestar social.La estrategia de las `locomotoras para el desarrollo` es adecuada, bien planteada y apunta con una admirable prospectiva, pero un año y medio después varias locomotoras están varadas, otras en la estación y las que marchan van -como su nombre lo indica- a 40 kilómetros por hora. Se viene un tiempo de coqueteos del Ejecutivo con la reelección, pero ajustaremos dos años de la administración Santos sin muchos resultados en materia de la consolidación de la seguridad y con focos ardientes de conflicto en varios departamentos del país.Hay funcionarios estrella y con futuro, pero hay otros `estrellados` a quienes se les ha dado una nueva oportunidad de servir al país, pero la están dilapidando como lo han hecho en gobiernos anteriores. Quedan dos años largos de este mandato y el país espera un verdadero salto en el desarrollo, no solo anuncios.