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Los colegios están llamados a reinventarse

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En silencio y sin reaccionar, el sector educativo experimenta situaciones de las que no salen muchas instituciones de secundaria y de formación superior, algo debe cambiar

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Diario La República · Los colegios están llamados a reinventarse

Desde la pandemia, en todo el país se han cerrado más de 3.700 colegios, golpeados por la baja natalidad, los altos costos, el estudio en casa, las nuevas tecnologías -en especial la IA- y la diáspora de colombianos al exterior.

En todo el mundo, el sector de los colegios y las universidades está cambiando a pasos agigantados. La obsolescencia de los profesores anquilosados en formas tradicionales de enseñar, la desactualización académica, el poco uso de herramientas tecnológicas y la fuerte sindicalización están obligando a los padres de familia a buscar alternativas más ajustadas a la época, menos costosas y que garanticen a sus hijos una verdadera educación globalizada.

Atrás quedaron los años en que la oferta de valor de las instituciones era simplemente el grado de bachillerato, un segundo idioma, buenos resultados en las pruebas Icfes e incluso una formación ética o religiosa.

En Colombia hay cerca de 20 millones de hogares, muchos de los cuales tienen jóvenes en formación a los que envían todas las mañanas a las aulas. Esto implica largas jornadas de transporte, altos costos de matrícula y un desgaste logístico que, al final, no está garantizando una educación a carta cabal que prepare a las nuevas generaciones para aprovechar las oportunidades del futuro.

Cada dos o tres meses, la noticia del cierre de un puñado de colegios emblemáticos a nivel nacional sorprende a los adultos mayores, quienes no perciben que este suceso no es un hecho aislado, sino el reflejo de un sector que enfrenta con fuerza la globalización, el cambio tecnológico, la obsolescencia docente y una realidad demográfica innegable: cada vez hay menos niños ingresando a los jardines infantiles.

De los aproximadamente 13.000 colegios que funcionan en el país, cerca de la mitad son de carácter público. Entre ellos se encuentran instituciones que desarrollan una fuerte labor social y se convierten en el epicentro de la vida de ciudades, municipios, veredas o barrios. Si bien estos colegios juegan un papel determinante en el desarrollo social, el contenido educativo que imparten a menudo solo garantiza un título y el acceso a la educación superior, mas no la competitividad a nivel internacional.

Este es un campo donde el sistema colombiano se raja al compararse en las pruebas Pisa con los demás países de la Ocde. La crisis que experimentan los colegios debe preocupar no solo a los padres de familia, sino también a las autoridades locales, regionales y nacionales, quienes tienen la responsabilidad de articular una hoja de ruta basada en casos exitosos que reinvente el modelo educativo y el servicio que prestan.

Aunque el «Uber» de los colegios aún no se vislumbra en el mercado tecnológico, ya son muchas las familias que deciden experimentar con nuevos formatos e incluso con el homeschooling como alternativas modernas. El modelo tradicional -de duras madrugadas, largos desplazamientos, profesores desactualizados y altos costos- está a punto de transformarse de la mano de familias más jóvenes y pequeñas que demandan una nueva propuesta de valor.

Los próximos cierres, ventas y fusiones de entidades educativas serán solo el primer paso de la gran transformación que debe experimentar la educación en Colombia. Todos los sectores económicos están cambiando al ritmo de la incursión de la IA en sus procesos.

Algo debe transformarse en los colegios con el advenimiento de las nuevas tecnologías, y los profesores son los primeros llamados a convertirse en esos agentes del cambio que aporten nuevas ideas para refundar el servicio básico de la educación.

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