Los dilemas del Banco de la República

Si el ataque contra las monedas emergentes se mantiene, el Banco de la República no tiene más remedio que mantener las tasas en 4,5%, pero no es fácil

EditorialLR

El ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, asistió a su primera Junta Directiva del Banco de la República, en esta, su segunda temporada al frente de la cartera económica de Colombia. Es un viejo conocido y muy respetado economista desde lo técnico, pero tímidamente aceptado desde lo político, pues sus posiciones macroeconómicas riñen con los aires populistas tradicionales en los políticos. Para nadie es un secreto que su ideal de reformas económicas para el país, parten de una gran reforma laboral desde donde se desprendan las demás (pensional y tributaria); cosa que tiene bastante sentido, pues la otra de sus obsesiones es la gran informalidad que tiene capturada la economía y no deja que ninguna reforma tributaria sea realmente estructural. Y en varias exposiciones ha advertido sobre el monto del salario mínimo si se mira desde la productividad y peso en los costos de los empresarios. Con todo ese arsenal de ideas para poner en orden las cuentas nacionales y mejorar los indicadores fundamentales, Carrasquilla debe sentarse con la Junta y tratar de que las tasas de interés sigan bajando, se transfieran a las familias y el consumo vuelva a jugar un papel importante en el anhelado crecimiento económico. Pero un gran problema acaba de surgir en la región con epicentro en Argentina, lío que ha disparado la devaluación en países como Colombia, Chile y Perú, obviamente Argentina. Y si a esto se suma la volatilidad del precio del petróleo, el buen momento de la economía estadounidense y el ofrecimiento permanente de la Reserva Federal de seguir subiendo sus intereses, la receta monetaria tradicional dicta que el Banco de la República suba las tasas o al menos las mantenga en niveles altos como es 4,5%. Ese es el dilema del Emisor colombiano que se encuentra en medio de una coyuntura regional de devaluación generalizada y un mandato del ejecutivo local de bajar más tasas para estimular la economía. Y eso sin mencionar el buen comportamiento de la inflación que entre julio de 2017 y junio de 2018 fue 3,12%, dato que está por debajo en 0,28 puntos porcentuales con respecto a la registrada en el mismo periodo del año anterior, cuando fue 3,40%, es decir que se mantuvo en el rango-meta fijado de entre 2% y 4%. Internamente, las condiciones están dadas para que la política monetaria que dicta el Banco sea más expansiva con la llegada de los meses del fin de año cuando se disparan las expectativas de consumo, pero el entorno regional no es el mejor y quizá sea más prudente mantener el costo del dinero a los bancos estable y no abrirle un resquicio a un rebrote inflacionario o a una devaluación inatajable como puede ocurrir si no se actúa con coherencia.

Con la llegada de los cuatro meses finales del año, en medio de una situación económica llena de expectativas por el cambio de gobierno y las políticas públicas que este desarrolle, más los buenos precios del petróleo y un debate tributario que es inminente, todo parece indicar que no será regresivo, no hay por qué forzar situaciones que expongan la recuperación y que en nada beneficien o ayuden a los cálculos de crecimiento del PIB para 2019, en los que todas las entidades financieras, la banca multilateral y los centros de pensamiento estiman que sobrepasen 3,4%, una cifra que sigue siendo mala para colmar las necesidades de generación de empleo formal, pero que pueden ser las mejores del último lustro.

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