Los extremos se juntan en peleas con los emisores
jueves, 16 de abril de 2026
Trump amenaza con despedir a Jerome Powell si en mayo no abandona su puesto como presidente de la Reserva Federal, un episodio muy parecido al que vive Petro con Villar
Editorial
Al menos en Estados Unidos y en Colombia las relaciones entre las autoridades emisoras centrales y el Ejecutivo no andan bien. Cada vez que puede, el presidente Gustavo Petro arremete contra el Banco de la República y sus codirectores por no copiarle en la reducción de las tasas de interés, algo imposible ante el panorama que presenta una inflación indómita, al tiempo que les achaca a las tasas altas varios de los problemas de la economía.
Y como dicen en ciencia política, los extremos se juntan: Donald Trump, en una entrevista en Fox News, dijo que si Jerome Powell -jefe del banco central estadounidense- no abandona el cargo en mayo, tendrá que despedirlo. Kevin Warsh, cuota de Trump, ya está nombrado, pero el Senado aún no lo ha ratificado por la disputa legal entre la Casa Blanca y la Reserva Federal por sobrecostos en una reforma de su sede. El problema es que Powell termina su encargo como presidente de la Junta de Gobernadores de la FED, rol que asumió en febrero de 2018 y en el que fue ratificado para un segundo mandato de cuatro años que comenzó en mayo de 2022, extendiéndose hasta el 31 de enero de 2028. Es un técnico de gran reconocimiento internacional que se ha opuesto -también- a los deseos del Ejecutivo en la banca central, muy similar a lo que está sucediendo en Colombia, guardadas las proporciones.
La independencia de la banca central se pone a prueba cuando ocurren este tipo de episodios. Dicho de otra forma, cuando suceden estos enfrentamientos es cuando se argumenta por qué deben ser mandos independientes, que se alejen de la dictadura política y monetaria, como ocurrió hasta mediados del siglo XX en muchas economías. Dejarle la impresión de dinero al presidente de turno y el manejo de las tasas de interés es volver al pasado y dar la cuota inicial para sentenciar el futuro de un país.
Colombia -desde la Constitución de 1991- entendió que la independencia del banco central es fundamental para controlar la inflación, darle estabilidad a los precios y evitar que la política monetaria -poner las tasas de interés- se utilice con fines políticos cortoplacistas. Cuando los precios operan por oferta y demanda y no dependen del gobierno, se pueden tomar decisiones impopulares, acción que da confianza en los mercados y estabilidad económica a largo plazo, condiciones que premia la banca multilateral.
Solo en países como China o Turquía la banca central hace parte del gobierno, y en otros no existe porque están dolarizados, como el caso de Ecuador o Panamá, pequeños Estados que le han endosado su moneda y su política de tasas al sistema internacional. Una economía verdaderamente sana es la que mantiene independiente su gestión monetaria y la política.
El caso de Perú es de estudio: la desidia y la anarquía política contrastan con el rumbo de la economía, pues ha mantenido por varias décadas a Julio Velarde como zar de la Banca de la Reserva, sin que la docena de presidentes de turno que han pasado en los últimos años se meta en la gestión económica. De allí que el país crezca su PIB, baje el desempleo, mantenga cierta devaluación de su moneda y se enfoque en la atracción de inversión extranjera. La pelea de Petro con la Junta del Emisor y la de Trump con la FED no le hacen bien a las economías, y es allí donde los extremos se juntan en las malas ideas.