“Los peores cinco meses de mi vida”

Argentina afronta una nueva situación crítica, un déjà vu que se repite cada tres o cinco años porque no han cortado el problema por lo sano

EditorialLR

Las crisis económicas y financieras de Argentina son un invitado permanente en la historia de la región. Es un déjà vu sin fin que solo tendrá un verdadero final cuando ataquen la raíz de sus problemas crónicos, un asunto que no es distinto a reducir el monstruoso aparato estatal y acabar con los millonarios subsidios que gozan los argentinos. Buenos Aires es una ciudad distinta a las otras capitales latinoamericanas, no solo por sus aires europeos plasmados en sus avenidas, parques y monumentos, sino porque desde hace décadas montó una apariencia de calidad de vida y bienestar social basados en las ayudas del gobierno a sus ciudadanos, sin importar si el país estaba en un ciclo de bonanza o de vacas flacas. Miles de colombianos -especialmente los jóvenes- viajan a estudiar al país austral porque la educación es gratuita y de buena calidad; la salud, si bien tiene grandes problemas es universal y es un derecho más que adquirido, pero lo más incompresible para los colombianos es que los servicios públicos sean subsidiados para toda la población; razón por la cual, si se comparan los precios de la electricidad o el agua con otras ciudades del mundo, los de Buenos Aires son irrisorios, tanto para los ricos como para los pobres. El transporte también es subsidiado, tanto el terrestre como el aéreo.

El otro punto es que es un país que no se ha enfocado a desarrollar las empresas ni emprendimientos que lleven a la economía argentina a no depender de la cosecha de cereales o a las fluctuaciones del precio de la carne. Es muy rara una multilatina del sector real, de los servicios o viejas industrias, que exporte o “haga las Américas”. Es un país con una red empresarial muy débil que está expuesta a la coyuntura interna, que por lo general es bastante inestable en lo político y lo social; tal como acaba de suceder con el peso argentino que sufre la peor devaluación de la historia reciente. Pero hay un asunto medular en las constantes crisis argentinas y es la que tiene que ver con la desconfianza que existe en ese país en el sistema financiero; allí el dólar es una verdadera majestad y por más que el gobierno de Mauricio Macri eleve las tasas de interés a 60%, la gente sigue buscando afanosamente dólares y ahorrando en la moneda estadounidense.

Las causas no son otras que muchos años manejados por el populismo de los peronistas y sus mutaciones políticas que se han acostumbrado a recuperar el gobierno cada tres o cinco años, en una suerte de ciclo político de ensayo y error. Lo peor que le puede pasar a América Latina es que el modelo económico que estaba en construcción por Macri colapse, pues esta situación se sumaría a la quiebra de Venezuela que sumergiría a la región en un situación de desesperanza. Cabe anotar que lo que vive América latina con el gobierno de Maduro es el primer gran éxodo de un país como consecuencia de un derrumbe económico, no ocasionado por una guerra interna, si es lo mismo que Siria, pero las causas son muy distintas.

Hay que esperar a que la fórmula de Macri funcione, porque imponer nuevos impuestos a exportaciones y reducir el tamaño del Estado, en pos del equilibrio fiscal con el que busca enfrentar una crisis económica, siempre será difícil, en un país que no olvida el “corralito” y que ven en el FMI un enemigo antes que una salvación a su caótica situación financiera.

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