Los roles y funciones del vicepresidente
martes, 17 de marzo de 2026
La historia reciente del país demuestra que la figura vicepresidencial no ha avanzado a ser algo más que una ficha electoral y que sus funciones ejecutivas son poco más que adorno
Editorial
Casi siempre la fiesta del candidato a la Presidencia de la República, antes de la primera y segunda vuelta, tiene un ambiente cálido, familiar y muy cercano con su fórmula vicepresidencial, pero la distancia y la frialdad de la relación se acelera una vez se toma posesión el 7 de agosto. Así lo demuestra la historia. La figura del vicepresidente fue revivida hace 35 años por la Constitución de 1991, desde entonces han pasado 8 vicepresidentes titulares desde 1994, pues el cargo no estuvo vigente entre 1991 y 1994.
El primero en ocupar la figura fue Humberto de la Calle, entre 1994 y 1998, quien renunció para lanzarse a la presidencia. Luego estuvo, Gustavo Bell. La reelección presidencial llevó a Francisco Santos Calderón a ocupar durante dos periodos esa figura; le siguieron Angelino Garzón, Germán Vargas Lleras, Marta Lucía Ramírez y Francia Márquez. Todas figuras claramente electorales que en su momento le dieron mucha fuerza a los ganadores de las respectivas elecciones.
Cuando los vicepresidentes renunciaron para lanzarse a la Presidente fueron remplazados por personas muy cercanas al mandatario de turno, en los caso de Carlos Lemos y Óscar Naranjo, quienes ocuparon el cargo dejado por De La Calle y Vargas, en sus infructuosas aventuras presidenciales. La Constitución dice que el vicepresidente reemplazará al presidente en sus faltas temporales o absolutas, aún en el caso de que éstas se presenten antes de su posesión.
En las faltas temporales del presidente bastará con que el vicepresidente tome posesión del cargo en la primera oportunidad, para que pueda ejercerlo cuantas veces fuere necesario. En caso de falta absoluta, el vicepresidente asumirá el cargo hasta el final del período. Pero dicta la norma que el presidente podrá confiar al vicepresidente misiones o encargos especiales y designarlo en cualquier cargo de la rama ejecutiva, pero no podrá asumir funciones de ministro delegatario.
La casuística muestra que el vicepresidente no es una figura menor, un recurso electorero que adorna de pluralidad una campaña, que es un persona proba que no solo puede remplazar al primer mandatario, sino que debe asumir una designación específica como ocupar el Ministerio de Relaciones Exteriores, de Defensa o llevar las riendas de la economía en Hacienda. Nunca se ha probado pero sería esencial que el vice fuera quien liderara y diseñara con el presidente de turno el Plan Nacional de Desarrollo y luego se encarara de su ejecución como Director Nacional de Planeación, un encargo que hablaría bien del propósito de país.
Para las importantes elecciones del próximo mayo, es clave que los candidatos tengan en mente qué hacer con su compañero de fórmula, asignarle un rol específico para que el país le de un valor superior en su rol. No es un personaje de adorno que empuja votos para la izquierda o la derecha, ni una figura emblemática que incluya a las minorías, debe ser un profesional idóneo que haya demostrado resultados en sus tareas profesionales.
Aún no ha sucedido en Colombia desde 1994, cuando se reinstauró la vicepresidencia, que el poder electoral, el perfil profesional o el carisma social del acompañante de fórmula, opaque al primer mandatario, pero puede suceder en estas elecciones atravesadas por los retos económicos y de convergencia social que dictan la actualidad.