Los últimos 100 días del Gobierno Petro
lunes, 27 de abril de 2026
El Presidente está terminando su mandato y le queda poco tiempo para cumplir las promesas que hizo en campaña y en todas sus alocuciones, muchas cosas en deuda, pero también avances
Editorial
Cuando el presidente Gustavo Petro atravesaba por sus primeros 100 días de gobierno, iniciado el 7 de agosto de 2022, la expectativa de la gente era enorme, pues estaba en juego su rol como el primer gobierno de ideas de izquierda en Colombia.
En esos primeros 100 días logró aprobar una reforma tributaria de $25 billones, impulsó el concepto de la “Paz Total” con grupos armados, restableció las relaciones con Venezuela y comenzó una incipiente reforma agraria focalizada en la compra de tierras. Pasados los meses vinieron los tropiezos: peleó con los ministros de su primer gabinete; las leyes para buscar diálogos con el ELN y disidencias de las Farc se fracturaron; los acuerdos para la compra de tierras ganaderas y su entrega a campesinos nunca se fortalecieron; la reapertura de la frontera comercial con Venezuela fue dramática y los mercados se cargaron de incertidumbre por la indómita inflación, la volatilidad del dólar, pero, sobre todo, por la gran preocupación nacional por la exploración petrolera y su impacto en la economía.
Luego, armar las coaliciones en el Congreso le costó avanzar en la agenda legislativa y vinieron los escándalos, poco a poco. Ahora, a 100 días de terminar su mandato, las cosas se ven más complicadas: el desgaste político, la férrea oposición, el tremendo deterioro del orden público y un entorno internacional bastante adverso hacen que estos tres meses largos sean más que perdidos. Ningún presidente logra más en sus últimos 100 días que en sus primeros 100 días; el desgaste personal e institucional, la favorabilidad, el prestigio y las alianzas son factores que ya están sellados.
Este es el momento en el que el Presidente empieza a ser expresidente y en el que los seguidores pura sangre empiezan a abandonar el barco. La directora de Fedesarrollo, Marcela Meléndez, lo dijo en el congreso de AmCham: “este ha sido un gobierno normalito como los anteriores”, con muy pocos avances, pero sí con grandes deterioros, como los que reflejan el déficit fiscal, la deuda externa y la inversión, y lo más grave, una inseguridad salida de madre. Gobernar es como correr maratones, en donde el buen o mal tiempo es la herencia que se les deja a los gobernados o a los espectadores.
La satisfacción del Gobierno Nacional puede enfocarse desde las reivindicaciones sociales, la ilusión del decretazo del incremento del salario mínimo o la buena tarea de equilibrar el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles; quizá también el avance en la reforma pensional, que está varada en los inexplicables tiempos de la Corte, que solo generan mayor incertidumbre.
El gobierno de Petro estará sentenciado el próximo 31 de mayo, cuando se elija un nuevo mandatario en primera vuelta o los colombianos dividan en dos opciones las alternativas para elegir al sucesor en junio. Seguramente, sobre la idea ya sembrada y germinada del primer gobierno de izquierda en la historia nacional, se empezarán a construir las vertientes ideológicas que pelearán por llevar las riendas del país en los próximos años.
Ya no es tema de liberales y conservadores, con sus respectivas disidencias: la Colombia del pleno siglo XXI se ha matriculado en la puja entre la izquierda y la derecha, como dicta la ciencia política moderna. Lo que se ha demostrado es que el país está polarizado hoy más que nunca y que el próximo presidente tendrá que empezar por unir muchas fragmentaciones.