Manejamos el conflicto, pero no la paz

El anuncio de las Farc desató un duelo de opiniones, que pone al descubierto que somos más proclives a eternizar conflictos.

Todas las generaciones de colombianos a lo largo de casi cinco décadas hemos vivido en un constante conflicto armado que ha marcado la forma como hacemos política, negocios, nos relacionamos y ha dejado una profunda huella en la forma de pensar al país.

Y cuando uno de los agentes de conflicto, como son las Farc en este caso, ponen sobre la mesa informativa su anuncio de frenar los secuestros se desata una guerra de opiniones antagónicas que dejan en claro que existen dos bandos sociales en clara oposición: los guerreristas y quienes ven en cualquier indicio de los violentos, un resquicio por dónde empezar a construir la anhelada paz.

La actividad empresarial en general es bastante pesimista sobre el peso de los anuncios de ese grupo al margen de la ley, pues unas cosas son las palabras en la red y otra muy distinta son los hechos. No se entiende cómo mientras los altos mandos del grupo terrorista ponen en internet un comunicado dando semejante mensaje de alivio, otros frentes beligerantes se encarnizan con sendos ataques en el suroccidente. Ese simple hecho hace que los empresarios e inversionistas no les crean el cuento de que van a parar los secuestros. Tal vez a las Farc se le aplique en este momento la moraleja de la popular fábula del 'pastorcito mentiroso' al que nadie le cree luego de varias tomaduras de pelo.

La economía va bien, quizá como nunca antes se haya registrado en la historia reciente y el anuncio de las Farc ha sido tomado con mucha prudencia, pero con cierto aire fresco de que son otros vientos los que le soplan al futuro de Colombia. Sin lugar a dudas, es un anuncio raro en sus intenciones que seguro se desprenden de las efectivas acciones militares en contra de los terroristas emprendidas hace más de una década. Las otrora soberbias y desafiantes guerrillas son muy distintas a las de ahora, pero no hay que subestimarlos como tampoco desaprovechar sus anuncios de diálogo para asegurar una paz duradera, que le permita a los colombianos de los próximos años disfrutar de un país en crecimiento, con bienestar y con paz en todos sus rincones.

Los colombianos somos expertos en manejar el conflicto armado, de convivir con él e incluso crecer económicamente en un país con terrorismo y narcotráfico. Eso nos ha hecho bastante guerreristas enemigos de cualquier otro camino que no sea el de la pacificación total a través de las balas. Así como el tono del Gobierno es distinto y llevó a que los vecinos ahora nos vieran con otros ojos, abriendo camino al comercio; así mismo sus líderes deben escuchar a los empresarios a que en medio de la prudencia que requieren estos espinosos temas, no escatimemos ningún esfuerzo para regalarle un país en crecimiento y en paz a las nuevas generaciones.