Editorial

Más allá de las cifras, el mejor negocio es la paz

El país económico debe seguir apostándole al proceso de paz, pues es sin duda alguna el mejor negocio que se puede hacer

El país económico debe seguir apostándole al proceso de paz, pues es sin duda alguna el mejor negocio que se puede hacer
Desde el gobierno de Andrés Pastrana Arango, incluidas las dos administraciones de Álvaro Uribe Vélez, el gran elector fue la guerrilla. Durante los meses que precedieron esas contiendas electorales, los candidatos ganadores a la Casa de Nariño utilizaron la crónica amenaza que siempre han representado las Farc para acceder al poder. Nadie olvida la foto de Pastrana con ‘tirofijo’, ni el meteórico ascenso en las encuestas del ex gobernador de Antioquia gracias a su discurso frentero y sin miedo en contra de los terroristas que se burlaron del país durante el triste despeje del Caguán. Esa fue la historia entre 1998 y 2010.
Con Juan Manuel Santos las cosas fueron y han sido diferentes. El ex ministro de Comercio Exterior, Hacienda y Defensa, encarnaba la continuidad en muchas de las políticas de Uribe, en especial la de orden público. Pero todo evolucionó y la Colombia de hoy es diferente a la de Pastrana y Uribe a quienes se les debe el fortalecimiento de las fuerzas militares y la actitud de ofensiva del Estado hacia los irregulares, respectivamente. No obstante, ambas situaciones por buenas que son, no han podido con las Farc en el plano militar y hay grandes extensiones del país a las que nunca llegaron unos militares fuertes, ni una seguridad democrática, caso Departamento del Cauca.
En buen momento, el mundo cambió y las guerras preventivas de la era Bush fueron sepultadas y con ellas muchos discursos guerreristas. Santos entendió el nuevo marco internacional y le ha apostado a un fin del conflicto por medio de los diálogos. Colombia es un país violento y esa propuesta ha sido acogida por más del 70% de los colombianos que dicen respaldas las iniciativas de paz en una mesa y no en una batalla. Pero como se avecina un tiempo electoral, ya se empiezan a colar los guerreristas de siempre que le apuestan a que nuevamente el ‘efecto Farc’ los devuelva a la Casa de Nariño. 
Por primera vez en la historia reciente del país y sus constantes diálogos con la guerrilla, el Gobierno lidera las conversaciones en La Habana con un equipo de negociadores de lujo que han sido fuertes en el discurso institucional; prudentes en las expectativas; respetuosos en el trato con los beligerantes, y ajustados a los tiempos y la agenda de la ilusión de la paz. Y es en este ambiente que no se puede dejar de soñar con una proceso de paz que le lleve bienestar a millones de colombianos desarraigados y humillados por la guerra. La paz es el mejor negocio al que Colombia le puede apostar y es un bien superior a muchas mezquindades políticas cargadas de oscuras ambiciones e históricos resentimientos. Esta es una oportunidad de otro que no se puede dejar perder por odios viscerales.