Más allá de ocupar el cargo de ministro

Durante los últimos 21 años, desde la constitución del 91, se han nombrado 171 ministros. Muchas tareas inconclusas

Durante los últimos 21 años, desde la constitución del 91, se han nombrado 171 ministros. Muchas tareas inconclusas

Santos rompió los esquemas recientes de crisis ministeriales al pedirle la renuncia protocolaria a sus inmediatos colaboradores, para conjurar una crisis de ejecución y de popularidad justo a la mitad de su primera administración. Pero hurgando en las profundidades de esas decisiones presidenciales a lo largo de las dos últimas décadas, nos encontramos que hay un ‘rastro genético ministerial’ que no se ha podido modificar. En los 171 nombramientos de personas para ocupar un promedio de 16 ministerios, se han distinguido a 149 personas entre 1991 y 2012; ello quiere decir que hay un selecto grupo de repitentes en diferentes carteras sin que hayan mostrado grandes desarrollos en esos encargos, y que hay otros que pueden mostrar muchos resultados en lapsos relativamente cortos.

Ser ministro no es un rol fácil, dada la cantidad de trabajo por la que se tiene que responder en muy poco tiempo. Sus funciones se difuminan entre viajes a las regiones, al exterior y citaciones en el Congreso; además de las presiones de los congresistas, los favores de los electores de su partido y la dura supervisión de los medios de comunicación. En pocas palabras, les queda poco tiempo para desarrollar verdaderas políticas de transformación en sus áreas de trabajo. Pero hay que tener un perfil balanceado para ser un ministro eficiente: un 50% de polícrata y otro 50% de tecnócrata. La primera parte le ayudará a manejar a los representantes, senadores, diputados y concejales, y a todos los alcaldes y gobernadores que los ven como aliados para sus mandatos o actividades en bien de sus comunidades. La otra parte les ayudará a ser ejecutivos, profesionales y asertivos en la conducción de políticas ajustadas a un plan de desarrollo; una tarea que por lo general se la dejan a sus viceministros.

Para muchos de esos 149 colombianos que han sido ministros en los últimos 21 años, llegar a ese cargo es culminar una carrera política; para otros es un trampolín para ser Presidente o mínimo candidato a la primera magistratura. Pero para los colombianos es una gran esperanza de solución a los problemas. Del ministro de Transporte, por ejemplo, se ha esperado siempre que logre el desatraso en la infraestructura; del de Salud, que le ponga un torniquete al desangre del sector; y al de Hacienda, que haga un trabajo serio construyendo una reforma tributaria estructural. Es desesperanzador que las cosas no hayan sucedido de esta manera y que, ministro tras ministro, en la mayoría de los casos sean una desilusión colectiva. De esos 149 colombianos muy pocos pueden sentarse con sus hijos, con sus nietos o con sus alumnos a mostrar sus resultados de cuando eran ministros o estaban a cargo de una área de desarrollo. Ojalá estos ministros que Santos rota o renueva sean diferentes, para alcanzar la prosperidad.